El fracaso de Cristina






La inteligente socióloga María Pía López lo dijo con la claridad de un sincericidio. En pleno debate del grupo Carta Abierta que ella integra planteó que había que reformar la Constitución para permitir la reelección de Cristina porque “no tenemos otro candidato”. Sorprende ingratamente que una académica dedicada a mejorar la calidad de la política crea que la Carta Magna se puede convertir en un traje a medida de las necesidades de una presidenta o de una agrupación. Que las reglas del juego pueden modificarse en el medio del juego. Eso por un lado. Es un pragmatismo y una flexibilidad que se les puede volver en contra. ¿Qué pasa si gana Macri, De la Sota o Scioli? ¿También les va a parecer bien que haya reelección eterna? ¿O sería una Constitución solo para Cristina? De ser así, se podría agregar una cláusula en el nuevo texto constitucional que diga que se autoriza a la reelección permanente solo a las mujeres viudas, nacidas en La Plata, que hayan sido dos veces presidenta y cuyas iniciales sean CFK. Pero más allá de la ironía hay que decir que María Pía dijo una verdad descarnada. Fue a los bifes y sin tanta sanata describió el gigantesco problema que tiene el Frente para la Victoria: no tiene herederos. Cristina no tiene sucesión. No hay nadie del riñón o del pensamiento ideológico del cristinismo que hoy aparezca con serias posibilidades de competir en el 2015 y continuar profundizando el modelo. ¿Qué pasó? ¿Cómo es que un proyecto político exitoso como nadie en la historia, que va a cumplir 12 años en el poder, no pudo, no supo o no quiso construir una continuidad encarnada a través de algún dirigente. ¿Qué pasó? Fallaron varias cosas. El primer proyecto llamado 4×4 que alternaba en el poder a Néstor con Cristina por 16 años fue abortado por la muerte del ex presidente. La idea original de prepararle el camino a Amado Boudou estalló en mil pedazos porque el vicepresidente está embarrado hasta la coronilla con los casos Ciccone, Vandenbroele y la insólita reestructuración de la deuda de Formosa. Todo trucho por donde se lo mire. Todo oscuro y nauseabundo. Ahora no hay candidato a suceder a Cristina. Algunos hablan de Juan Manuel Abal Medina o del mismísimo hijo presidencial, Máximo. Pero a ninguno de los dos les da el piné por ahora. No tienen envergadura como dirigentes. Otros hablan de Alicia Kirchner para mantener el apellido en alto y poder hacer la gran Cámpora, es decir: “Alguien al gobierno, Cristina al poder”. Pero todo es muy incierto. Nada garantiza que Cristina pueda trasladar su intención de votos a otra persona que, insisto, por ahora no aparece. Los peronistas que tienen poder territorial y votos propios no tienen un ADN kirchnerista puro. Jorge Capitanich fue jefe de gabinete de Duhalde y tanto Daniel Scioli como José Manuel de la Sota son acusados de neoliberales y candidatos de las corporaciones. Algo muy profundo falló en el kirchnerismo. En la forma de construir el liderazgo con mano de hierro estuvo la virtud del matrimonio presidencial pero también el defecto. Se puede mandar con órdenes y verticalismo. Se puede humillar a los que se atrevan a manifestar alguna crítica u opinión distinta. Lo que no se puede de esa manera es abrir el juego para que se desarrollen los cuadros políticos en potencia. Es difícil que surjan nuevos jefes de los obedientes y los sumisos. Cuesta mucho que un funcionario que se la pasó diciendo que si, de pronto patee el tablero y quiera convertirse en conductor. Los tiempos se aceleran y el futuro se acorta para aquellos que como todo mérito político tienen haberse colgado de las polleras de Cristina. Ella hoy siente que no hay nadie tan bueno como ellos para servirle en bandeja la historia. No encuentra a nadie que haya hecho los méritos suficientes. Han castigado tan duramente a los que quisieron levantar la cabeza que en lugar de regar el terreno para que crezcan mil flores, lo que hicieron fue pisar todos los brotes. Es muy difícil transferir algo que se concentró tanto. Sobran aplaudidores y faltan rebeldías. Sobra sectarismo y falta diálogo. Sobra personalismo y falta construcción colectiva. No hay herederos políticos. Es el principal fracaso de Cristina.

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