Atraviesa los viñedos en su moto BMW y frena junto a la finca..

Por Werner Pertot
Desde Cafayate
Página/12
Atraviesa los viñedos en su moto BMW y frena junto a la finca, que está ubicada para dar una vista panorámica de los valles calchaquíes y de la ciudad de Cafayate. El gobernador de Salta y candidato kirchnerista, Juan Manuel Urtubey, baja de la moto que usa para viajar y pasar inadvertido. Saluda a los 
dueños de la finca y la bodega familiar y se suma a un asado con periodistas. El mandatario provincial, que es el favorito para la elección de hoy, hizo equilibrio entre su apoyo a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y su decisión de mantener el debate electoral a nivel provincial. Uno de los operadores nacionales que trabaja con él planea que el mensaje hacia el Gobierno vendría a ser: “Yo no los necesito para ganar en la provincia, ustedes me necesitan a mí”. En su última conferencia, previa a la veda electoral, Urtubey señaló que si CFK se presentaba a su reelección, él la iba a apoyar. Tampoco parece tener problema con que un eventual triunfo suyo en las elecciones de hoy se lea como una victoria del Gobierno, luego de la de Catamarca y el resultado incierto en Chubut.
A diferencia de Olmedo, que hizo recorridas y actos hasta cansarse, e incluso invitó a 160 punteros peronistas a comer a su casa, Urtubey optó por un formato aséptico: dio entrevistas a medios locales y no organizó un solo acto masivo en toda la campaña. Un poco al estilo de Jaime Durán Barba, el gobernador piensa que las movilizaciones son cosa del pasado y sólo sirven para aumentar el ego de los dirigentes. En línea con esa estrategia, su mensaje, si logra la reelección hoy, seguramente se dirigirá a plantear que los comicios son una ruptura con el esquema de poder que armó Juan Carlos Romero en Salta. “Salimos de 27 años de la dominación de una familia”, suele repetir el gobernador. “También le piensa agradecer a Cristina”, sostienen cerca suyo. Hasta ayer, era un albur si se vería a algún funcionario del gobierno nacional en el bunker de Urtubey, que fue emplazado en el Hotel Provincial. Urtubey ya aclaró que, si aparecen, los recibirá “con vino y empanadas, como un buen salteño”.
Con 41 años y estudios de abogacía en Estados Unidos, Urtubey empezó su carrera política nada lejos del destronado Romero: fue su vocero y secretario de Gobierno. Cerca del actual gobernador dicen que duró unos pocos años en el cargo. Su mentor, en esa época, fue el menemista Julio Mera Figueroa. Luego fue electo diputado y se acercó a la entonces legisladora Cristina Fernández. Durante años, comandó la estratégica Comisión de Asuntos Constitucionales. En 2007, logró vencer contra todos los pronósticos al candidato de Romero, Walter Wayar, que ahora busca la revancha desde otra lista kirchnerista (ver aparte). Para esta elección, Urtubey construyó un frente que se quedó con parte del radicalismo, parte del peronismo disidente, con el PJ y con el conservador Partido Renovador de Salta, que le brindó el compañero de fórmula: Andrés Zottos.
En 2008, fue el anfitrión del acto con el que CFK enfrentó al que hicieron los empresarios ruralistas en Rosario. Sus dirigentes señalan aquel gesto como la principal prueba de amor del gobernador. “Le costó en sus bases y le sigue costando ese apoyo”, dicen. Su relación con el kirchnerismo siempre fue ambigua: se suele mostrar crítico del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno; del titular de la CGT, Hugo Moyano, y de la “lógica amigo-enemigo”. También cuestiona, en algunos puntos, la política energética y el reparto de la coparticipación. Tuvo su disidencia cuando se dio el debate por la ley de medios y fue criticado durante la discusión en el Congreso por el matrimonio igualitario. El ex intendente de Morón, Martín Sabbatella, lo cuestionó por un encuentro con antiabortistas que compartió con la senadora Liliana Negre de Alonso. Cerca del mandatario sostienen que era “un encuentro contra el aborto, en lo que Juan Manuel cree, pero eso no significa que lo puedan meter en la misma bolsa. Con el matrimonio igualitario está todo más que bien”. Incluso dicen, en su defensa, que les brindó custodia a las dos primeras mujeres que se casaron en la provincia y que recibieron amenazas.
Durante la campaña, le echaron en cara las denuncias por la muerte de niños aborígenes desnutridos en el norte de Salta y la difusión de un manual de cuarto grado con su imagen en la tapa, pero –según las encuestas que difundió este diario– no pareció hacerle mella a su imagen. En el gobierno salteño esperan que Urtubey gane con más del 50 por ciento y que le saque una ventaja de más de 25 puntos al segundo.
El gobernador no oculta que la presidencia es una de sus ambiciones, aunque su mira apunta más a 2015. Este año, estaría descartado que acompañe la fórmula presidencial ante un hipotético ofrecimiento. “Sería una pésima señal para su electorado”, plantean en su entorno. También ven improbable que se presente para un tercer mandato provincial, aunque la ley local se lo permite.
Pese a que su estrategia “hacia adentro de la provincia” fue no hacer hincapié en sus pertenencias a nivel nacional –en su última conferencia, dijo que debía respetar a los otros partidos que integran el frente–, Urtubey no podrá evitar (y no parece molestarle) que su eventual triunfo sea leído como parte de una corriente de resultados favorables al kirchnerismo, que incluyen la victoria en Catamarca y el crecimiento en Chubut, donde todavía no se conoce el resultado.
Para escapar a los rumores de fraude que intenta instalar Olmedo, Urtubey se ocupó de difundir y destacar que la elección contará con un sistema de voto electrónico, que será utilizado por un tercio de la población. Según explicaban tanto en el Tribunal Electoral como en el gobierno provincial, ese sistema favorece el corte de boletas (tiene una opción para armarla categoría por categoría) y termina con el “voto en cadena”, entre otras prácticas. Su apuesta es extender este sistema a otras partes del país.

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