Haz lo que yo digo pero también lo que yo hago..

Haz lo que yo hago

En Santiago del Estero, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner dijo algunas verdades que muchos de sus ministros y militantes no practican. Es cierto que las corporaciones no deben ni pueden gobernar el país. Tiene razón la jefa del estado. En un país democrático y republicano debe gobernar quien gane las elecciones, en este caso ella.

Pero nadie puede negar que el matrimonio Kirchner mantuvo relaciones carnales con algunas corporaciones hasta hace muy poco tiempo.
 Y que han contribuido mucho, con dinero, negocios y privilegios a construir otras corporaciones igualmente poderosas pero con la camiseta del Frente para la Victoria.

Hay corporaciones buenas y malas. Amigas y enemigas. Esa lógica binaria tan del populismo de Ernesto Laclau que lo llevó a Roberto Lavagna a definir este modelo como el capitalismo de amigos. Lo mismo pasa con los monopolios. Nadie que quiera una democracia social igualitaria puede estar de acuerdo con la presencia de monopolios en ningún sector de la vida nacional. Y mucho menos en lo que tiene que ver con al libertad de prensa o de expresión.

En eso estamos de acuerdo. El tema es que desde la cima del poder se mantienen monopolios u oligopolios con el dinero que aportan todos los contribuyentes y que son conducidos económicamente por empresarios millonarios y teledirigidos políticamente desde el gobierno. La lúcida diputada Alcira Argumedo de Proyecto Sur los definió con un neologismo: amigopolios K.

Este mismo doble standard rige en casi todos lo planos. Uno de los más arbitrarios tiene que ver con la publicidad. Los ciudadanos que queremos comicios mas transparentes y equitativas valoramos mucho varios aspectos de la reforma electoral. Uno es que se prohibe contratar publicidad televisiva y radial a los partidos y los candidatos. Es una manera de no perjudicar a aquellos militantes populares honestos que no disponen de grandes sumas de dinero para dar a conocer sus propuestas. Esto es muy bueno. No discrimina a los que menos tienen. 


El problema es que simultáneamente, como lo denunció la senadora María Eugenia Estensoro, el estado no se autolimita en la publicidad oficial. Y ya hemos visto que la publicidad oficial es caudalosa y descaradamente partidaria una vez más con el dinero de todos. Ayer la presidenta, muy emocionada dijo que ella nunca había insultado ni agraviado a nadie. Dijo que aprendió a no enojarse y no caer en las provocaciones.

Bienvenida esta conclusión. Otra vez: ¿quien no comparte este llamado al debate racional, respetuoso y sin agresiones? Es lo que necesitamos y la presidenta comprueba en las encuestas que esos gestos son valorados por la gran mayoría de la sociedad. Todos estamos hartos de gritos, amenazas, desmesuras y crispaciones. Hay que darle una oportunidad a la paz, como decía Lennon.

El problema es que muchos de sus colaboradores, dirigentes y hasta el propio Néstor Kirchner en vida se cansaron de tener expresiones y acciones injuriosas, ofensivas y hasta persecutorias en algunos casos. La convivencia democrática tiene mucho de sentido común y sabiduría popular simple: no hacerle al otro lo que no le gusta que le hagan a uno. No escrachar si no le gusta que lo escarchen. Es bastante fácil de comprender. Soy periodista y estoy a favor de los debates calientes, apasionados y no me asustan las palabras subidas de tono.

Pero entre todos tenemos que cuidar ese lugar de intercambio de ideas como si fuera el cristal que sostiene el sistema. Dividir a la sociedad entre amigos y enemigos baja la calidad democrática. Solamente los corruptos y los golpistas no deben tener lugar.

Para eso siempre ayuda apostar a la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Otra vez el dicho popular: haz lo que yo digo pero también lo que yo hago.

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