Los muertos se rebelan.....

REBELIÓN


En los setenta, los Montoneros quisieron explicarle el peronismo a Perón. Ellos, “la juventud maravillosa”, pretendieron conocer la obra mejor que su autor; de aquella conducta surgio el mito de El Viejo y el entorno: Perón no era sino lo que ellos querían que fuera. Todo hubiera sido solamente ingenuo de no haberse cruzado la muerte; entonces se volvió voluntarista, estúpido y peligroso. “A los enemigos encubiertos, embozados o disimulados les aconsejo que cesen en sus intentos, porque los pueblos cuando agotan su paciencia suelen hacer tronar el escarmiento”, les advirtió Perón. Y el escarmiento tronó. El setestismo tardío y descafeinado del siglo XXI mantiene algo de su ADN: la costumbre de hacer hablar como títeres a los muertos. A veces sin embargo, los muertos se rebelan. Hace algunas semanas en una columna de Perfil, el diplomático Mario Campora, sobrino del ex presidente, marcó diferencias con los que usan el nombre de su tío: “(En mi generación) desde fuera del poder, sin recursos ni cargos públicos, pretendimos cambiar un orden fundamentalmente injusto, antidemocrático, elitista y represor (…) Hoy aparecen jóvenes de La Campora que venturosamente levantan nuestras consignas. Ellos a diferencia nuestra, son el poder: ocupan altos cargos en la administración pública, se sientan los directorios de las empresas privadas y logran lugares en las listas electorales. Si levantan las banderas del `73 se puede esperar entonces que – provocadores – disparen debates de singular relevancia para el futuro de la patria: denunciar el escándalo de la pobreza, la corrupción, la inseguridad, la violencia y el creciente descontrol del narcotráfico. (…) También podrían cuestionar la matriz del modelo que produce efectos opuestos a la esencia de nuestro proyecto nacional y popular: mayor concentración de la riqueza en pocas manos, acelerada extranjerización de las empresas argentinas, manejo inconsulto de los recursos mineros e hidrocarburiferos, expansión irresponsable de las fronteras agropecuarias”. El pasado fin de semana, otro muerto se rebeló. Patricia Walsh, hija de Rodolfo, aseguró que “no respetan el nombre de mi padre, con el premio a Hebe”. “Elegir su figura para quedar bien con el oficialismo, en campaña es patético (…) Fue una sorpresa inquietante y triste”.

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