Relato Vs Dolar



Argentina: ¿por qué esperar una devaluación del peso contra dólar?





La sensación latente entre los ciudadanos argentinos es que el dólar estaría ejerciendo presiones alcistas y que es muy difícil “salvar” el actual modelo económico sin recurrir a una devaluación de la moneda local respecto a la divisa estadounidense.
Estas expectativas están haciendo que aquel pequeño ahorrista que antes destinaba su capital a alguna inversión financiera (plazo fijo, fideicomisos u otros) esté repensando su estrategia y recaiga en la demanda de dólares como manotazo de última instancia para cubrirse de lo que va a venir.
InversorGlobal te acerca los principales lineamientos y explicaciones para entender algunos puntos del actual ciclo económico que siembran esta sensación:
  1. Elevada inflación: A partir del año 2007 comenzó a observarse una aceleración de las presiones inflacionarias, fenómeno que era considerado transitorio en un principio, y que luego llegó para quedarse a convivir entre nosotros. Los precios han aumentado a un ritmo promedio anual de 23% en los últimos cuatro años mientras que el dólar en la Argentina aumentó a razón de 8% anual durante el mismo período. Esto implica que nuestro país viene soportando una inflación promedio de 15% anual en dólares.
  2. Clima externo menos favorable: Si el tipo de cambio local pudo soportar esta delicada presión sobre la competitividad fue porque el contexto externo resultó extraordinariamente favorable para la Argentina. Altos precios internacionales de los productos primarios que se exportan (soja principalmente) y una apreciación de las monedas de nuestros principales socios comerciales (Brasil, Unión Europea y Asia) permitieron compensar, en parte, la inflación en dólares de la Argentina. Esta situación, en la actualidad, parecería que no podría volver a repetirse con tanto viento a favor.
  3. Alta fuga de capitales: Hasta 2007, Argentina tenía superávit en sus cuentas externas e internas. Sin embargo, pese a las altas tasas de crecimiento económico hubo un fenómeno que nunca desapareció: la fuga de capitales (más vulgarmente conocido como la compra de dólares por parte de los ahorristas como forma de acceder a una reserva de valor). Este proceso tendió a amplificarse año tras año y, en 2011, alcanzó niveles récord nunca antes visto: en lo que va del año, la dolarización de portafolios lleva US$ 23 mil millones. Esto trajo como consecuencia una caída de las reservas internacionales, que fueron usadas en parte para financiar este mecanismo. De allí que se explican los controles cambiarios que el Gobierno impuso la semana pasada.
  4. Menos reservas internacionales y menor superávit comercial. Las reservas internacionales del BCRA han dejado de crecer. Es más, están empezando a mostrar una tendencia negativa. El problema es que las mismas son utilizadas tanto para pagar los vencimientos de la deuda pública como para abastecer de dólares al mercado cambiario para atender la demanda. En los años anteriores, estos dólares necesarios eran aportados por el superávit comercial. Sin embargo, ahora el superávit comercial se está reduciendo: en los primeros nueve meses del año, el mismo alcanza los US$ 8.162 millones contra los US$ 10.251 millones de igual período de 2010, según cifras del INDEC. Esto también nos da la explicación de por qué el Gobierno está avanzando agresivamente con el control de las importaciones, forzando un superávit comercial “ficticio”.
Estos son algunos de los fenómenos y dinámicas que se observan en la actualidad y que nos dan ciertos indicios de que el dólar debería ir desplazándose paulatinamente al alza para encontrar un nuevo equilibrio entre la oferta y la demanda en el mercado cambiario.
De todos modos, sí existen algunas razones para argumentar lo contrario. En este sentido se encuentra la abultada cantidad de dólares que mantiene el banco central. Pese a que las reservas internacionales muestran una tendencia negativa, el monto de US$ 47 mil millones de reservas internacionales le da un margen de maniobra muy amplio a la entidad para controlar el tipo de cambio.
En segundo lugar se encuentra el hecho de que el tipo de cambio real aún mantiene competitividad. Si se lo compara con el tipo de cambio multilateral que Argentina tenía en la década de los ’90, el actual aún muestra competitividad a pesar de la elevada inflación doméstica.
El timing y la magnitud de estos procesos marcarán en parte las expectativas de las personas y el comportamiento futuro de los mismos en su relación con la moneda del Tío Sam.

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