La pobreza en 2010 es la misma que en 1995...

Este es el modelo Nacional y Popular con los mayores ingresos en 100 años de historia???????

Podrás decir muchas cosas... no podrás decir que no sabias.


Del pensamiento único al doble pensamiento

Por Martín Lousteau 



A fines de 2009, el Gobierno comenzó la implementación del programa social más importante de los últimos cincuenta años: la Asignación Universal por Hijo (AUH). Se trata de una transferencia monetaria de $220 por cada niño menor de 18 años, hasta un máximo de cinco hijos.
En principio la contraprestación contempla el cumplimiento de los controles sanitarios, del plan de vacunación (para los menores de 5 años) y la finalización del ciclo lectivo. En la actualidad la AUH se le paga a 3,6 millones de chicos (76% del total de un universo potencial de 4,7 millones), implicando un costo total anual de casi $10.000 millones. Estas características hablan del programa más amplio en términos de cobertura y más generoso de acuerdo al beneficio de toda América latina.
El plan conllevó un giro copernicano en la postura del sistema político con respecto al combate a la pobreza. Durante mucho tiempo se habían propuesto iniciativas similares desde algunos sectores de la oposición, pero aquellos más cercanos a los centros de decisión las percibieron siempre como una quimera imposible de financiar. Aprovechando la holgura fiscal de estos tiempos, el Poder Ejecutivo Nacional optó por dar un paso que, afortunadamente, será difícil desandar de aquí en más.
Dado su foco en los estratos de menores ingresos, el efecto de la medida en los indicadores sociales debería haber sido abrumador. Se estimaba que la pobreza podría descender entre tres y cuatro puntos porcentuales, la indigencia reducirse a menos de la mitad, mientras la desigualdad imperante también mermaría.
Sin embargo, mientras la política social adquiría esta nueva dimensión, el enfoque macroeconómico del Gobierno continuó ignorando la creciente inflación. Su dinámica fue centro de fuertes discusiones internas durante fines de la gestión anterior y principios de la actual, pero la visión preponderante continuó siendo la misma: desatender el problema.
Durante 2010 el proceso se acentuó y sufrimos un salto inflacionario interanual de más de once puntos porcentuales, cerrando el año con una cifra cercana al 26%. Para colmo, el mayor aumento de precios se dio en los alimentos, que subieron 40%.
Esta aceleración inflacionaria hizo que en apenas seis meses prácticamente se licuaran las mejoras asociadas a la AUH. La estimación que elaboramos desde LCG es que la pobreza, que era del 23,9% cuando se anunció la AUH, había pasado a ser de 22,9% a mediados de 2010, un nivel similar al de 1995. Debido al incremento de precios en los alimentos, la indigencia -lejos de reducirse- se incrementó: pasó de 7,7% al momento de lanzarse el programa al 8,1%. Por el lado de la desigualdad se aprecia que la misma se ha mantenido prácticamente constante. Y todo ello pese al fuerte crecimiento económico registrado. Así, la AUH sólo sirvió para compensar el deterioro asociado a la suba de los precios, pero no implicó ningún impacto positivo en los indicadores sociales.
Resulta increíble que el mismo Gobierno que se animó a romper con la tradicional lógica de la inacción en materia de complemento de ingresos para los más vulnerables desconozca el duro aprendizaje que los argentinos hemos realizado con las experiencias inflacionarias y su impacto en el tejido social.
En su novela "1984", George Orwell describe una sociedad que tiene como uno de sus pilares la capacidad de ejercitar el "doble pensamiento". Este consiste en "saber y no saber, ser conciente de la verdad mientras se dicen mentiras cuidadosamente elaboradas, sostener simultáneamente dos opiniones que se anulan entre sí, sabiendo que son contradictorias pero creyendo en ambas al mismo tiempo".
Durante largo tiempo hemos padecido los efectos del pensamiento único, que percibía la realidad desde una sola dimensión. De acuerdo a esa visión la pobreza se iría resolviendo a medida que la riqueza se derramara desde los sectores de mayor hacia los de menor ingreso por la propia acción del mercado. Hoy parecemos estar en una fase de doble pensamiento, como si le negáramos a la economía su condición de sistema y se nos antojara imaginarla como una colección de compartimientos estancos que se pueden manejar arbitrariamente sin que el agua que desborda uno termine inundando otros.

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