Datos sencillos...

Dos datos sencillos.....
Techint, Afjp... o Caja para el Modelo K




Néstor Kirchner solía decir que su victorioso modelo se asentaba en cinco columnas inmodificables: superávit fiscal, superávit de la balanza comercial, tipo de cambio competitivo, inflación baja y desendeudamiento. Ahora va quedando muy poco, o casi nada, de todo eso, pero el cambio no admite la palabra; no debe decirse ni aceptarse. La mejor prueba de que la economía está dando síntomas de alerta desde hace mucho tiempo es que durante el período de Cristina Kirchner se fugaron del país 60.000 millones de dólares, según una medición del economista Carlos Melconian. Ese monto supera a las reservas nacionales, que son ahora de unos 53.000 millones de dólares, apenas unos 3000 millones más, en cifras redondas, que los que Cristina heredó de su marido en 2007. La acumulación de las actuales reservas nacionales se hizo casi íntegramente durante el anterior mandato presidencial.


Superávit Gemelos




El gobierno de Cristina Kirchner pasó del amplio superávit fiscal de Néstor Kirchner al déficit fiscal durante el año 2010. El déficit no aparece en las cuentas del Estado porque está disimulado por la transferencia de dinero del Banco Central y por los recursos que la Anses obtiene de las utilidades de los fondos que pertenecían a las viejas AFJP. Esto explica un fragmento, al menos, de la reciente vocación del Gobierno para meterse en las empresas que le pidieron préstamos al antiguo sistema privado de seguridad y ahora le deben al Estado kirchnerista. Más directores estatales no significarán más poder de decisión en las empresas, pero sí más poder de presión para que las utilidades no se deriven a la inversión, sino al financiamiento de un Estado deficitario


Fuga de Capitales




Camioneros consigui un aumento que se fijó en el 24 por ciento, mientras Guillermo Moreno multaba a los economistas, en otra oficina del Gobierno, porque habían dicho lo mismo que decía Moyano.

Otra aceptación implícita de realidades negadas fue la fijación del techo del aumento salarial de este año en un 24 por ciento. Fue la admisión sin palabras de que el Indec dice cualquier cosa menos la verdad. Si la inflación del año pasado fue del 10 por ciento, como difundió la agencia oficial de mediciones, ¿por qué se aceptan incrementos salariales que duplican o triplican el aumento de los precios? ¿Por qué ese techo se está convirtiendo en piso y ya hay sindicatos, como el de la alimentación, que reclaman un 40 por ciento de aumento salarial con la amenaza de próximas huelgas si no se los conceden? O la inflación real supera en más del doble a la que midió el Indec o la Argentina está ante el más grande proceso de redistribución de la riqueza bajo un régimen no revolucionario.



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