Sobre todo si el que nos nombró está pidiendo cosas que no tienen que ver con la Constitución...

Entrevista con Carmen Argibay

"Si se sigue abroquelando, habrá sospechas en contra de Moyano"

La ministra de la Corte cuestionó al líder sindical por su respuesta al exhorto de la justicia suiza, criticó la "desidia" oficial de no cubrir los juzgados vacantes y afirmó que las causas por corrupción no avanzan porque "son muy complicadas" para "las condiciones precarias" de la Justicia; además, opinó que "lo de Oyarbide con La Mona Jiménez fue un papelón"
Por Ricardo Carpena




Si realmente existiera el "Partido Judicial" que cierta vez denunció Néstor Kirchner para quejarse de los fallos de algunos jueces, merecería figurar en su plataforma una perfecta definición que brindó Carmen Argibay, integrante de la Corte Suprema, en una entrevista con Enfoques, aunque tal vez su connotación crítica le impediría a esa agrupación sellar una alianza con el oficialismo: "Nuestro deber es ser fieles a nuestra Constitución, a la que hemos jurado respetar, y no ser fieles a quien nos nombró, sobre todo si el que nos nombró está pidiendo cosas que no tienen que ver con la Constitución"."Si se sigue abroquelando, habrá sospechas en contra de Moyano"
Argibay es prudente, pero también contundente. Por eso quienes insisten en vincular a la Justicia con esa imagen alegórica de una mujer con los ojos vendados quizá cambien de idea e incluso terminen concluyendo que esta prestigiosa penalista logra que la justicia argentina, o, al menos, la parte que le toca a ella desde el alto tribunal, no sea ciega, ni sorda, ni muda. Eso, claro está, le ha traído muchísimos problemas incluso desde antes de asumir el cargo.
Su "ateísmo militante" y su postura favorable al debate sobre la despenalización del aborto amagaron con complicar su designación en la Corte, en 2003, a propuesta del ex presidente Kirchner, como consecuencia del rechazo que causaba en los sectores más conservadores. Pero esta mujer cálida y de sonrisa franca, soltera, que vive con su madre de 101 años, nacida el 15 de junio de 1939 y graduada como abogada en la Facultad de Derecho de la UBA en 1964, finalmente pudo llegar a convertirse en la segunda ministra del máximo tribunal (la otra es Elena Highton de Nolasco) de un poder del Estado en el que, como siempre destaca, aún prevalecen el machismo y los estereotipos que perjudican al género femenino.
La extensa carrera de Argibay en el Poder Judicial comenzó en 1959 y tuvo un triste paréntesis con el golpe militar de 1976, en que fue detenida y puesta a disposición del Poder Ejecutivo durante siete meses, por motivos que aún hoy desconoce. Una vez liberada, retomó la práctica privada de la abogacía y, tras el regreso de la democracia, fue jueza y camarista hasta su jubilación, en 2002. Un año antes había sido designada por Naciones Unidas como magistrada ad litem para el Tribunal Criminal Internacional que juzgó los crímenes de guerra en la ex Yugoslavia

En la Corte, aunque ideológicamente se la ubica en un "minibloque" progresista junto con su colega Eugenio Zaffaroni, ha adoptado posiciones que consolidaron su fama de independiente, como sucedió en 2008 cuando votó a favor de aceptar el pedido de amparo de la Cámara Nacional Electoral para dejar sin efecto la disposición del Congreso que había impedido el ingreso de Luis Patti a la Cámara baja.
-Las tensiones con el Gobierno fueron fuertes en algunos momentos. ¿Cómo calificaría hoy la relación que tiene la Corte con el Poder Ejecutivo?
-Es una relación normal. Siempre entre los tres poderes hay tensiones desde que la Constitución está diseñada para que cada poder tenga un cierto control sobre los otros. Cuando los controles son un poco fuertes o por lo menos se establecen con rigurosidad, al poder controlado no le gusta. Pero es una relación normal que tiene sus altibajos según los momentos y según lo que haya que controlar. Evidentemente si a nosotros se nos viene una racha de declaraciones de inconstitucionalidad de leyes, el Congreso no nos va a querer, y si también nos viene una racha de recursos del Estado, del Poder Ejecutivo, que tenemos que rechazar, tampoco nos quieren en ese momento. Son gajes del oficio y ya sabemos que vienen así. Se puede hablar de una relación absolutamente normal, como debe ser entre los tres poderes.
-Igual alcanzó su punto máximo, por lo menos en materia de virulencia verbal, cuando alguna vez Néstor Kirchner habló de "partido judicial"?
-Sí, pero hace mucho. Ya nos olvidamos...
-Habla de relación normal, pero ¿eso significa una relación calma?
-Digamos que no sé cuánto nos va a durar, pero por el momento está calma. Lo que siempre estamos pidiendo es que llenen los cargos de jueces que están vacantes. El tema de las subrogancias nos está complicando mucho la vida y el trabajo y además eso hace que la gente proteste mucho porque todo se atrasa. Cuando un juez está a cargo de tres juzgados no puede trabajar bien, es una exigencia demasiado fuerte para cualquier persona tener que hacerse cargo de lo que es el trabajo de tres. Cuando todo el mundo se pregunta por qué le tocan todas las causas a Oyarbide, no es que le tocan todas las causas a él, le tocan a los tres juzgados que tiene a cargo.
-¿Se puede sospechar de algún tipo de intencionalidad política en el hecho de no cubrir las vacantes? ¿O es sólo falta de presupuesto o de decisión?
-De decisión. Todavía no han llegado a interiorizarse de la importancia que tiene el hecho de tener la cantidad de jueces necesarios, que por eso están todos los juzgados que están creados, si no fuera así no los necesitaríamos y no necesitaríamos nombrar jueces. Pero realmente los necesitamos, entonces no llenarlos, y sobre todo que durante varios años estén vacantes, es terrible. A veces se demoran porque tienen que hacer el concurso, las entrevistas previas y todo lo demás. Está bien, hay una cierta demora lógica. Pero cuando ya está todo listo y lo único que hay que hacer es firmar un decreto o un envío de un pliego al Poder Legislativo, es falta de decisión de hacerlo.
-¿Cuántas son las vacantes?
-Yo no le podría decir porque hay vacantes en juzgados federales, en las provincias, pero tenemos un déficit de por lo menos un 30 por ciento, y eso es mucho.
-La jurista Aída Kemelmajer de Carlucci suele recordar que Lisandro de la Torre decía que "una de las maneras de evitar la independencia de los jueces es no cubrir vacantes". ¿Es así?
-Totalmente. Los subrogantes no tienen la estabilidad que tiene un titular, que está nombrado con todas las garantías. Eso se presta, no quiere decir que suceda, a presiones, a tratar de influenciar?
-¿Son más influenciables?
-Mucho más. Eso es indudable porque están en una situación más precaria?
-Entonces parece haber una intencionalidad política en el hecho de no cubrir las vacantes?
-No creo que sea eso, es más bien desidia. No darle la importancia que tiene.
-El mismo Néstor Kirchner que impulsó la renovación de la Corte, un logro que hasta los más opositores le reconocen, acusó a esta misma Corte de no tener independencia. Qué curioso que alguien que produce un avance semejante en materia de independencia judicial, cuando ese tribunal no coincide con sus propios intereses, termine quejándose de esa independencia.
-El ser humano es bastante paradójico: un día lo que nos parece muy bueno, pasado mañana puede caernos mal. Y generalmente lo que se cree es que uno tiene una cierta obligación hacia quien lo nombró. El día que a mí me nombraron le di las gracias, le di la mano, y a partir de ese momento no pisé más la Casa de Gobierno hasta el velorio de Néstor Kirchner. Y fue para eso, sin ningún tipo de entrevista ni de coloquio con nadie. Nuestro deber es ser fieles a nuestra Constitución, a la que hemos jurado respetar, y no ser fieles a quien nos nombró, sobre todo si el que nos nombró nos está pidiendo cosas que no tiene que ver con la Constitución.
-¿Cómo se pueden abstraer del clima político que se vive? Usted ahora habla de calma, pero en los momentos de mayor tensión, de más presiones, ¿cómo evitan ustedes la tentación de legislar "demagógicamente" o estrictamente en sintonía con el poder político?
-Uno no se abstrae totalmente. El ser humano es un ser político por naturaleza, aunque no haga política. Nosotros no vivimos en una torre de marfil, como dice todo el mundo, sino que vivimos en esta sociedad y tenemos los pies puestos en la tierra. La mayoría, por lo menos. Y nos enteramos de lo que está pasando y nos tenemos que enterar de lo que está pasando. De ahí a actuar por el impulso de qué va a pensar la sociedad o qué va a pensar el Gobierno, no. Eso sí ya es una cuestión de ejercicio de la magistratura. Todas las actuaciones por espasmos, que se hacen porque hay presiones de la sociedad, salen mal. El miedo es uno de los peores consejeros que podemos tener. La vanidad es otro. pero tenerle miedo a lo que pueda decir la gente? Yo puedo explicar por qué hice lo que hago. Si se lo puedo explicar, creo que la gente lo va a entender.
-La pregunta tiene que ver con este fenómeno de algunos fallos de la Corte que no se cumplen por parte del poder político. Uno es el caso del ex procurador Sosa, de Santa Cruz. Usted en algún momento dijo "no podemos dejar que los fallos judiciales no se cumplan". Esto es gravísimo, pero también es curioso que no haya provocado impacto a nivel político, social. Los fallos judiciales no se cumplen y parece que aquí no ha pasado nada, ¿no?
-Pero sí pasa. Hemos procesado al gobernador por desobediencia y además, si no me equivoco, le han impuesto una multa por cada día que pasa que no cumple. El problema fue la decisión de la Corte anterior, que es lo que tenemos que hacer cumplir: resolvió reponer a Sosa en su cargo y ese cargo no existía más. Fue un error porque ahora el problema es que el gobernador mandó una propuesta a la Legislatura para crear un cargo para Sosa y la Legislatura no quiere, entonces el que está pagando las consecuencias es el gobernador. La otra era que nosotros armáramos un escándalo y pidiéramos al Congreso la intervención de la provincia. Es demasiado para un caso así.
-Si sumamos el fallo para allanar el gremio de aeronavegantes que el ministro Aníbal Fernández desconoció, hay casi una modalidad de desobediencia a los fallos de la justicia.
-Depende de cuáles...
-¿No le parece grave?
-Grave me parece, pero lo que pasa es que los que no se acatan son fallos muy puntuales, y eso tiene un trasfondo de tipo político que evidentemente no podemos manejar. Que la sociedad no reaccione, ese es otro problema. Ahí tendríamos que hablar con un sociólogo a ver por qué no hay reacción cuando no se cumplen los fallos de la Corte y hay reacciones desmedidas como cuando se metió preso a un sindicalista porque estaba sospechado de maniobras estrambóticas, por no llamarlas de otra manera, en su obra social y salió medio mundo a defenderlo. Momentito: lo estamos investigando, hay una causa penal, hay que decidir, defiéndanlo en la defensa que tienen que hacerle, pero estas manifestaciones así, a favor, en contra... Uno quiere que lo maten, otro quiere que lo fusilen y otro, que lo pongan en libertad. Y la sociedad sale para todo eso, cuando lo que hay que hacer es respetar los tiempos de la justicia, la investigación de los hechos. De esto tienen mucha culpa los periodistas, que condenan de entrada a alguien, sale en todos los diarios y la gente se convence de que ya tiene al culpable?
-¿Piensa que ya hay una condena al publicar la información?
-Hay una condena previa. Cuando recién empieza el juicio ya hay alguien que lo condenó. Entonces de repente pasan cosas como cuando, por ejemplo, dicen que un señor que agarraron allí trató de asaltar a no sé quién y después en el juicio se demuestra todo lo contrario, que no trató de asaltar a nadie, que fue una confusión o fue un invento de la policía, pero, sin embargo, a este señor ya lo condenaron en todos los diarios. Ya quedó escrachado. Después viene la Justicia, lo absuelve y todo el mundo dice que los jueces están vendidos. Es cierto: los jueces condenan si tienen pruebas, el periodismo y la gente, en general, condena de palabra. La prisión preventiva de Jaime, por ejemplo, salió con titulares tipo catástrofe como si ya tuviera la condena y recién está llegando a juicio oral, todavía no hay juicio.
-Este fenómeno de los fallos que no se cumplen desde el poder político, ¿tiene que ver también con la seguridad jurídica que siempre se reclama?
-Seguro...
-¿Y hay seguridad jurídica?
-Creo que sí, que existe la seguridad jurídica, lo que pasa es que de repente existen esos ramalazos de incumplimientos o de manifestaciones que hacen pensar que no hay seguridad jurídica, pero sí la hay. Normalmente, los jueces cumplen con las leyes. Y cuando hay un juez que no cumple con esas disposiciones que ha jurado defender tenemos las herramientas para removerlo: para eso están los jury que tiene que hacer el Consejo de la Magistratura. También se ha abusado de los jury. Esto ha hecho que todo el mundo se lo tome con suma calma y entonces alguien hace una denuncia y el Consejo de la Magistratura tarda años en decidir si le va a hacer un jury, si hay suficientes elementos o no?
-Usted se quejó públicamente de que la sociedad evalúa a todos los magistrados por un grupo de "jueces mediáticos". No sé si aludía a las imágenes del juez Oyarbide bailando y tocando el piano con la Mona Jiménez...
-Eso no es un ejemplo de juez mediático, es un papelón. Me refería a los que salen a dar información sobre las causas que tienen en trámite. Eso está prohibido. No se puede dar información sobre causas en trámite porque uno está prejuzgando.
-Oyarbide está en las dos categorías: habla de las causas y se muestra...
-Ese fue un episodio que... Olvidémoslo porque es muy desagradable. Además, la Mona Jiménez no me gusta. (Risas.)
-Como si le faltaran adversarios a la Corte, últimamente le han sumado a Hugo Moyano, que gracias a aquel famoso exhorto de la justicia suiza, piensa que ustedes forman parte de una conspiración en contra de él.
-No sabemos ni lo que pide el exhorto... No tenemos nada que ver. A nosotros nos informa la Cámara Federal que recibió de Cancillería un exhorto de la justicia suiza pidiendo una cierta investigación, o por lo menos información. Eso se publica en el Centro de Informaciones Judiciales, la cámara sorteó y le tocó a uno de los juzgados que tiene Oyarbide. Eso fue lo que se publicó, nada más. Bueno, parece que ellos sabían más que nosotros porque pasó por Cancillería. ¿Qué era lo que pedía el exhorto? Allí dicen que se pedía, porque yo nunca lo he visto, que se informaran algunas actividades de la familia de Moyano en relación con esa empresa Covelia. Es un pedido de investigación? ¡Caramba! Si alguien pide que me investiguen a mí porque de repente tengo depósitos extraños que no se sabe de dónde vienen, que no son mi sueldo, que no son mis ahorros, lo lógico es que uno diga que lo investiguen a ver si encuentran realmente algo que ponga en tela de juicio mi honestidad. Pero dijeron: "Si me quieren investigar es porque hay una conspiración en mi contra". No... No hay una conspiración, pero sí va a haber sospechas en contra de él si se siguen abroquelando en esa forma, porque no tiene nada de malo la iniciación de una investigación. Tiene más de malo calumniar a una persona.
-Moyano sospecha también que detrás de eso hay algún sector del Gobierno que lo quiere perjudicar...
-Que le quiere soltar la mano... No lo sé y en ese sentido tratamos de preservarnos porque estos casos muy sonados, tarde o temprano, llegan a la Corte. Es preferible no meterse. Lo único que sabemos es esto: llegó un exhorto de la justicia suiza, pasó por Relaciones Exteriores, como debe pasar, fue a la justicia federal, la Cámara Federal sorteó el juez y nos informó a nosotros. Eso es todo. ¿Qué está averiguando el juez? ¿Cuáles son las medidas que toma? No lo sé, no me meto.
-Moyano llegó a declarar un paro porque imaginaba que era un ataque personal. ¿Cómo juzga esa medida?
-Me pareció una idiotez. Eso sí que puede provocar reacciones porque la gente dice: "Esto, ¿a qué viene?"
-Es más sospechosa la reacción que el episodio en sí mismo...
-Seguro.
-¿Por qué no avanzan las causas que tienen que ver con la corrupción?
-Pregúntele a los jueces que las tienen.
-La sensación obvia es que los jueces siempre se terminan alineando con el poder político de turno o que hay presiones desde ese mismo poder.
-Son causas demasiado complicadas para poder trabajarlas bien a fondo en las condiciones en que está la Justicia en este momento, en estas condiciones precarias de falta de jueces y de falta de personal, sin hablar de la falta de infraestructura también. Ha aumentado la litigiosidad de una forma terrible y los espacios no se agrandan. Hemos tenido que construir edificios para archivo. Nada más que para guardar causas. Eso es una cosa tremenda.
-No parece casual que no avancen las causas de la corrupción porque no hay estructura en la Justicia?
-Seguro, y tampoco hay tiempo de que los jueces o los fiscales que están encargados de eso se capaciten: es muy difícil seguir la ruta del lavado de dinero, por ejemplo. Y eso facilita mucho la corrupción. No me extraña que tarden mucho tiempo porque, además, si uno tiene 900 causas para ocuparse, va dejando las más complicadas y saca primero las más fáciles. Eso lo hacemos nosotros también. Una causa complicada hay que estudiarla, hay que escribir, pensar, intercambiar opiniones...
-No me va a negar que la justicia federal siempre estuvo en la mira como un fuero extremadamente permeable a las presiones políticas.
-Sí, pero hay jueces federales que no son presionables. Hay de todo en todas partes. La ventaja del Poder Judicial es que puede hacer el jury para separar a la manzana podrida.
-¿Qué opina sobre el hecho de que el estudio de la esposa e hijo del procurador ante la Corte, Esteban Righi, jefe de todos los fiscales y, por ende, principal responsable de defender al Estado, fuera hasta no hace mucho el principal defensor de funcionarios del Gobierno sospechados de haber afectado, precisamente, el patrimonio del Estado con actos de corrupción?
-No opino.
-¿Cómo califica el acto de presión a la Corte que encabezó hace un año Hebe de Bonafini, rodeada de funcionarios K y realizado para reclamar por la Ley de medios, cuando les gritó "decrépitos", "cómplices de la dictadura", y amenazó con tomar los tribunales?
-Si hace un año consideramos que no valía la pena opinar, un año después no voy a hacer comentarios porque sería aumentar la conflictividad.
-Antes de asumir había dicho que la justicia es una enferma convaleciente. Ahora, ¿cómo considera que está la justicia: en terapia intensiva, intermedia, se quedó en la salita de primeros auxilios, le dieron el alta?
-Todavía no le dieron el alta. En cierta medida, está mejor. La evidencia son las encuestas de opinión sobre la justicia, que han mejorado bastante respecto del año pasado, han subido varios puntos. Tenemos un 71% de la población que dice que si tiene un problema lo lleva a la Justicia. Es algo también bastante contradictorio porque nada más que el 31% tiene un buen concepto de la Justicia. De todas maneras, pareciera que ese 71% que le llevaría sus problemas a la Justicia puede ser que lo haga porque no encuentra ningún otro lugar adonde llevar sus problemas, pero que no tenga demasiada fe, de todas formas. Esto es claro, pero ha repuntado notoriamente y eso es bueno. Entonces, todavía está convaleciente pero un poquito más fuerte. De terapia intensiva ya salió.
-Hay una tarea importante que usted encabeza, pero a la que los conflictos políticos siempre tapa: la Oficina de la Mujer. ¿A qué apunta?
-A partir de la ley de protección integral contra la violencia que salió en 2009, y con la creación de la oficina de la mujer en la Corte, hemos iniciado todo un programa de capacitación judicial con perspectiva de género. Que apunta al trato que se le da a las mujeres dentro de la Justicia y a la gente que viene a los tribunales. Hay una idea de que como existe la igualdad en la Constitución y todos somos iguales, hay que tratar a todo el mundo igual. No es lo mismo tratar al señor que dice que es víctima del robo de su auto que a la señorita que viene diciendo que ha sido víctima de una violación. El otro problema serio que tenemos es el trato de las mujeres dentro de la Justicia, que durante mucho tiempo fue terreno de los hombres. Hasta 1958 no hubo una juez mujer. Venimos con 50 años y un poquito de trabajo para que las mujeres puedan integrarse en plan de igualdad con los hombres dentro de Tribunales. Y lo que hemos descubierto, cosa que ya sabíamos porque lo primero que hizo la Oficina de la Mujer fue un mapa de género, es que la mayoría del personal judicial está compuesto por mujeres, en todo el país, menos en dos provincias, que es justo el 50%, y en algunas llega al 60%.
-El tema es en qué puestos...
-Ahí está. Cuando vamos a la pirámide encontramos que en la medida en que subimos, hay menos mujeres. En la medida en que pasamos de juez de primera instancia a juez de cámara, que tiene mayor responsabilidad, hay menos mujeres, y si pasamos a superiores tribunales de provincia o a la Corte Suprema es muy evidente.
-¿Por qué? ¿Por simple machismo?
-Exactamente. Nada más que eso. Lo que tenemos que hacer es cambiarlo y para eso estamos haciendo ese programa de capacitación para cambiar estos estereotipos con respecto a las mujeres. Siempre digo que a las víctimas de violación hay que tratarlas de una manera distinta y me contestan que "muchas mienten" ¿Y no mienten algunos señores que vienen a denunciar el robo del auto porque quieren cobrar el seguro? Además, en un juez capacitado, un secretario, un fiscal, hay índices que permiten advertir cuando alguien está mintiendo y cuando no. Ese prejuicio de que la mujer miente porque en realidad parece que le gusta que la violen es un absurdo, es lo mismo que pasaba con la violencia doméstica. Cuando creamos la oficina de violencia doméstica en la Corte, hace dos años, fue impresionante el impacto por la cantidad de gente que venía a denunciar? ¿Por qué? No se animaba a ir a las comisarías porque le tomaban el pelo: "Señora, usted le debió dar la sopa fría y entonces si le pegó un cachetazo, aguántese", o el famoso "algo habrá hecho". Como si la culpa fuera de la víctima. Todos estereotipos que hay que cambiar en la sociedad.
-Usted ha sido estereotipada como una impulsora del aborto. Sin embargo, hay proyectos en el Congreso dirigidos a su despenalización. ¿Estamos más o menos cerca de que se sancionen?
-En cierta medida estamos más cerca porque hay toda una campaña iniciada por las Católicas por el Derecho a Decidir, en Córdoba, que se están moviendo mucho. Y no estamos más cerca porque en un año electoral es un tema demasiado polémico y no creo que los legisladores y el Poder Ejecutivo se presten a discutir esto. Y, en tercer lugar, es un problema porque la gente no discute sobre esto, la gente se pelea. Si ve las mesas redondas lo único que hacen es gritarse, a veces insultarse, pero no discutir el fondo de la cuestión. Y el fondo de la cuestión es que hay dos derechos en pugna: uno es la vida de la mujer y el otro es una esperanza de vida. La Constitución dice que la vida se protege desde la concepción. El problema es que no sabemos cuándo empieza la concepción porque todo el mundo confunde fecundación con concepción. Ni médica ni físicamente es así. ¿Cómo se hace para tratar de compatibilizar esos dos derechos que están en pugna, derecho a la vida de la mujer que arriesga su vida, a lo mejor, en un embarazo o en un aborto clandestino, y la esperanza de vida que puede provenir de una concepción, suponiendo que supiéramos cuando empieza la concepción?
-Eso: ¿cómo se hace?
-Lo que hay que hacer, como lo han hecho casi todos los países del mundo que tienen una ley permisiva del aborto, es poner un límite a cuál de los dos derechos se privilegia durante un período u otro del embarazo. Entonces, de uno a tres meses, que todavía es una esperanza de vida muy frágil, y que es el período menos peligroso para la madre. Es la vida que ya existe. A partir de ahí, perdiste, viene la otra, privilegios para la otra. A partir de los tres meses ya no se puede porque incluso es peligroso para la madre. Así podría compaginarse desde el punto de vista de una persona que no es religiosa y que, además, cree que las mujeres tienen derecho a decidir sobre su propio cuerpo, a decidir cuántos hijos quieren tener y a decidir que no quieren tener un hijo de una violación.
-A usted la criticaron ferozmente por este tema. ¿Cómo se siente?
-Hay algunos sectores que me llaman "La doctora muerte". Yo no quiero que aborten. Yo quiero que las preparen para que no tengan que abortar. Pero que exista la posibilidad de hacerlo en una forma segura. Porque si yo puedo decir que se van a evitar los embarazos no queridos en la pareja que actúa conscientemente, lo que no puedo decir es que nunca más va a haber violaciones en este mundo porque la violación es uno de los delitos más antiguos.
-Usted sabe lo que es hacer "justicia planetaria": fue integrante del tribunal penal internacional que juzgó los crímenes en la ex Yugoslavia. En ese sentido, ¿qué opina sobre el operativo de los Estados Unidos en Paquistán que terminó matando a Ben Laden?
-La respuesta es relativa y difícil de explicar. Hay otros métodos que se adecuan más al Estado de derecho, como someter a juicio, a un debido proceso a una persona, y, si las pruebas son suficientes, condenarla. Pero entrar por la fuerza a la casa de una persona y matarla es un asesinato en cualquier parte del mundo.
© LA NACION
MANO A MANO
La Corte Suprema solía asemejarse a un ámbito del Poder Judicial bañado en oro e integrado por personalidades que parecían embebidos en bronce. Lo que más me impactó de Carmen Argibay es que se trata de una mujer sencilla, para nada soberbia, sumamente clara, firme sin perder de vista la relatividad de cualquier opinión, empezando por la propia. "No creo ser la dueña de la verdad por estar acá. Porque me puedo equivocar, porque puedo tener una concepción diferente de las de otros, y precisamente lo que hace interesante la vida social y la vida en general en este mundo es la diversidad". Lo dijo en la entrevista de dos horas que tuvimos y no me llamó la atención. Pero me pareció una declaración de principios que explica por qué Argibay, y también algunos de sus colegas de la Corte, han logrado que el alto tribunal no esté tan alejado de lo que les pasa a los ciudadanos comunes. Quizá por momentos me pareció excesivo su enfoque feminista (nos carga a los hombres de casi todos los males del mundo), pero entiendo que su mirada contrabalancea toneladas de machismo enquistado en la sociedad y en el mismo Poder Judicial. Pensé que me iba a costar más arrancarle definiciones tajantes, pero, sin perder el equilibrio propio de su cargo, mostró una contundencia notable. Hasta cuando habló del aborto, tema tan espinoso y por el cual quedó estigmatizada, logró convencerme de que, como ella misma dice, muchas veces la nuestra es una sociedad que no debate, sino que se pelea.
TRES RAZONES PARA ESCUCHARLA
Sensatez y sentimientos 
Argibay reúne un alto grado de conocimiento del Derecho y, al mismo tiempo, de sentido común, combinación que la aleja de algunos juristas de laboratorio que parecen dictar fallos para una sociedad a la que no conocen mucho y de la que no se quieren contaminar.
Cuestión de género 
Su reconocida militancia feminista le aportó a la Corte una mirada que está empezando a cambiar algunas estructuras machistas de larga data y ciertas interpretaciones sexistas que abundan en el Poder Judicial
Sin excesos 
Contrariamente a lo que pensaban sus detractores, sus posturas en cada fallo de la Corte son equilibradas y ha logrado defender a quienes integran la Justicia sin caer en la defensa corporativa del sistema.
EN CLAVE PERSONAL
Compromiso familiar . "En este momento, la mayoría del tiempo que tengo fuera de la Corte me ocupo de mi mamá. Acaba de cumplir 101 años (el miércoles pasado) y quiere que esté con ella, lo cual es lógico: ha estado tanto tiempo conmigo que ahora se merece que uno esté con ella".
Hobby . "En algún momento, siempre vuelvo a mi manía de armar rompecabezas. El más chico que hago es de mil piezas. Pero eso, en general, en las vacaciones de invierno, porque durante el período de trabajo normal no tengo tiempo ni siquiera los sábados y domingos".
Escenarios . "No voy a bailar, aunque me gusta. ¿Qué ritmo? Soy capaz de bailar cualquier tipo de música. Muy de vez en cuando voy al teatro y de vez en cuando al cine, según el tiempo que tenga, pero hay cosas que merecen ser vistas. Me perdí una puesta de Mauricio Wainrot sobre La tempestad, de ballet, que me hubiera gustado ver. Este año creo que iba a estrenar La consagración de la primavera o Carmina Burana. Si se confirma La consagración de la primavera me tendrá allí: es una de mis favoritas. Es una pieza difícil y dura, pero me gusta mucho.
Relaciones . "En la Corte somos todos colegas que nos llevamos muy bien. Con algunos más que con otros. Fayt fue profesor mío, lo quiero muchísimo y él me quiere. Con Zaffaroni hemos trabajado juntos durante años. A Elena Highton la conozco también desde hace mucho. A Petracchi no lo conocía tanto. A los que no conocía era a Maqueda y a Lorenzetti, pero nos entendemos muy bien. Generalmente lo único que pido es que mis compañeros de trabajo sean buenas personas. Si son buenas personas y saben Derecho, mejor."

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