Argentina... es mucho mas que el ciclo K

¿Cambió el clima?

Por Jorge Fontevecchia


Una idea siempre hace su aparición como un huésped extraño.”
Goethe, en Máximas y reflexiones.
Quizá todo comenzó cuando Macri renunció a su candidatura presidencial. Para el kirchnerismo, el líder del PRO era el competidor más fácil de polarizar. O podría haber comenzado antes, cuando el Peronismo Federal, en su patética atomización, no sólo no lograba encontrar su candidato sino que tampoco alcanzaba a dar a Macri una base de apoyo para lanzarse, dejando al sentimiento conservador popular anti K, con su respetable cantidad de simpatizantes, sin poder encontrar ni en el PRO ni en el peronismo alguien que lo encarne.
O quizá comenzó cuando todos creyeron que Cristina ya había ganado y el propio agujero pedía a gritos algo que lo obturara. “La mano de hierro de la necesidad sacude el cuerno de la fortuna”, escribió Nietzsche en Aurora.
Pero en un momento cercano, aunque impreciso, es probable que haya pasado algo a partir de lo cual el clima político podría haber comenzado a cambiar.
Alfonsín, después de convertirse en el único candidato de la UCR, corriéndose al centro –lugar que dejaban vacante Sanz y Cobos con sus abandonos– para aliarse con De Narváez, modificó significativamente el mapa político anterior, donde se superponían fuerzas que se reivindicaban como de centroizquierda y no había ninguna importante de centro y derecha.
Primero se conjeturó si la candidatura de Binner, aglutinando a Pino Solanas, Juez y Margarita Stolbizer, podía sacarle más votos a Alfonsín que lo que sumaba con De Narváez. Pero luego se orientó el análisis sobre si la candidatura de Alfonsín y parte del peronismo, más la de Binner por separado con sus aliados (además de las de Carrió y Duhalde), le restaban más votos a Cristina Kirchner frente al escenario anterior, donde Alfonsín y Binner compartían candidatura. Eso es lo que cuenta para que haya ballottage. Y si hubiera segunda vuelta, todo cambiaría para el oficialismo, porque la relación de fuerzas podría invertirse.

Maléfico. Otro acontecimiento que parece transformar el mapa político, no sólo porque hiere a las Madres de Plaza de Mayo sino porque desde ellas corroe a todo el Gobierno, es la mitomanía exacerbada de Sergio Schoklender y su simbiótica relación con Hebe de Bonafini. Hacerle sacar el pañuelo blanco al símbolo máximo de la lucha contra la dictadura para colocarse los cuernos de un hada maléfica en un festejo de las Madres, como lo mostró el diario Libre el miércoles en su tapa, cruza todos los límites de lo increíble.
La sociedad comenzó a percibir que lo de Schoklender no se trata de un procedimiento aislado, sino que repite el mismo esquema de cooptación del Gobierno con el sindicalismo y la juventud. La relación con las Madres, Moyano o La Cámpora es tramitada de la misma manera: a cambio de apoyo, se les otorga una caja para que se sustenten. Ya sea la construcción de casas, los medicamentos en las obras sociales o Aerolíneas Argentinas.
No se trataría de una militancia pura e idealista sino de una obsecuencia bien paga, en este caso real y no irónica, como la que se autoendilga Radio Barcelona para reírse de sí misma en su programa por Radio Nacional.

Si el dinero viniera a reemplazar el amor por la causa que tuvieron los hijos desaparecidos de las Madres y la Juventud Peronista de los 70, el uso del capital simbólico que brindan los pañuelos blancos, el movimiento obrero o la pureza de la juventud termina corrompiendo a sus actores y envileciendo las causas.
Los Schoklender vienen a desnudar un procedimiento que se repite en otros aliados, aunque fuera en proporciones menos grotescas: un sistema que tiene al dinero del Estado como anabolizante. Otra forma del “robo para la corona” de los 90, pero con similares consecuencias. Y más hipócrita, porque está enmascarado tras causas nobles, produciendo después una decepción mayor.


Las sociedades, como los seres humanos, no ven cuando no quieren ver lo que no les conviene. Pero registran esos hechos que niegan y quedan guardados para regresar con más fuerza el día que resulte necesario, ya sea porque la acumulación impide continuar con el disimulo o ya no resulta tan contrario a sus intereses prestarles atención. En ese momento, se pasan todas las facturas juntas.
Skanska, la bolsa de dinero en el baño de la ex ministra de Economía, el Valijagate y las comisiones de los negocios con Venezuela, o Jaime y los retornos de los subsidios, todas denuncias que no alcanzaron a escandalizar a la opinión pública en cada uno de los momentos pueden condensarse en un hecho que indigne por su condición de infamante. El trauma precisaría dos hechos para constituirse, como si fueran dos heridas sobre el mismo punto para recién entonces dejar su cicatriz indeleble. El escándalo de Schoklender con las Madres puede contener los atributos que disparen una reacción en cadena.

Arcadia K. Superada parcialmente la crisis mundial que generó la caída de la actividad económica en 2009, sumado al envión de afecto que generó a la Presidenta su viudez, la Argentina de los últimos meses volvió a ser para el Gobierno una especie de gran Arcadia K.
Arcadia es el mito del país de la abundancia inagotable y la infinita fertilidad. Sitio imaginario donde reina la belleza en armonía con una naturaleza pródiga en forma de tesoro. Fue creado por los poetas para ilustrar una morada de lo que sería la utopía.
Arcadia, en realidad, sigue siendo una provincia de la empobrecida Grecia que en la Antigüedad fue más pobre aún, tanto que durante las fiestas, en lugar de ofrecerles a los dioses un toro, les brindaba una cabra. Pero los artistas del Renacimiento convirtieron Arcadia en un lugar de leyenda, el del paraíso en la tierra, fuente recurrente de inspiración para pintores y escritores.
Los artistas del relato oficial –asumiendo que aquello que se repite termina pareciendo verdadero– también construyeron una Arcadia perfecta para consumo de sus militantes y contagio del ciudadano medio. Pero deberían tener cuidado de no terminar creyéndosela ellos mismos, porque los vientos de la política son poco predecibles, además de caprichosos, cambiantes e irrefrenables.

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