Nestor... la ilusión que no fue realidad...


Algo Personal

El disgusto con este "modelo" no pasa por una cuestión de recelo, ni rechazo sanguíneo ni ideológico. Es una relación intrínseca entre lo que dicen, lo que hacen y el resultado final



Cuando Néstor asume la Presidencia de la Nación, debo confesar que me sentí un tanto atraído por su discurso de asunción. Su llamado a combatir la corrupción y a conciliar con los sectores conflictivos, me tentaron. Por aquellos años, mi profesión era otra, pero el acceso a la información era privilegiada, al menos en algunos aspectos. Un llamadito a un colega del sur me alcanzó para que las ganas de apoyar a ese sujeto de aspecto bonachón y mirada particular, se me pasaran rapidito. No influyó su reivindicación a un sector violento, ahora devenidos en burócratas y millonarios empresarios a costillas de miles de muertos. En definitiva, no soy de esos que descreen de la capacidad de un gobernante en base a los aciertos o errores cometidos en años en los que todos nos mandamos cagadas. Desde entonces, digamos desde el principio, mi posición frente a don Néstor ha sido de simpatía efímera en torno a muchas de sus afirmaciones. Tan efímeras como lo que tardaba en leer, escuchar o ver datos de la realidad. 

La ilusión por un presidente que no me robe en la cara se desvaneció con un funcionario santacruceño contándome de ciertos giros neoliberales que se esfumaron. Poco tiempo después, mientras el entonces Presidente continuaba en su prédica pacifista, cientos de manifestantes terminaban con el marulo abierto por cabecear bastonazos policiales. Un día me generó gran expectativa el anuncio del Plan Federal de Viviendas. La ansiedad tuvo un alcance de una semana, cuando el Auxiliar de la Secretaría de al lado me comenta que quiso anotarse y le exigieron tantos requisitos que no llegó a cumplirlos. Curiosamente, un año después las escasas viviendas que habían construído en su partido habían sido repartidas, en su totalidad, a familias que no calificaban, entre las que figuraban una hermana del Intendente. 

Por aquellos años de primavera kirchnerista, un compañero de los años de uniforme, pupitres, tizas y borrador, me comenta al pasar la alegría que sentía por ver un gobierno peronista en el poder. Él, cuya militancia se había limitado a comentar alguna vez que tuvo un pariente que fue al velorio de Eva, no comprendía por qué no me sentía igual de exultante. Fue la primera vez que escuché la palabra "gorila" fuera de un libro de historia política del siglo XX. Eran los mismos tiempos en los que se hablaba de la Senadora rebelde, refiriéndose a una mina que hacía quilombo de la boca para afuera, pero acompañaba todas las listas del presidente que puteaba. 

Poco tiempo después, la Argentina se puso divertida. No digo que linda, ni fea, solo divertida. Néstor ya no era Presidente y Cristina, en menos de tres meses de gestión, atravesaba la crisis del campo. Entre plazas, declaraciones desafortunadas y detenciones poco oportunas, apareció el peronómetro más fuerte que nunca, con el que acusaban a los contreras bajo la afirmación de que a este gobierno lo definen peronista los enemigos, o sea, la Sociedad Rural y la prensa. Podría haberme hecho ultrakirchnerista en menos de cinco segundos, pero de pronto apliqué la misma lógica: si definen los enemigos, que todos los sectores históricamente opositores al justicialismo, de pronto estuvieran aplaudiendo a la Presi, definía mucho. Como toda teoría necesita su aplicación en el campo práctico, ver en el palco a los mismos personajes que llevaron adelante el lock out patronal previo al golpe de estado de 1976, certificó mi postulado: no te definen los amigos ni los enemigos, sino que te definen las acciones.

A esta altura del partido, el signo político de quien se encuentre en la primera magistratura me importa poco, siempre y cuando me sienta cómodo con sus postulados. Esto va más allá de mi ideología, dado que antes que los partidos, están los hombres. Yo, al igual que muchos de los que viven en la Confederación de Provincias, prefiero un presidente que me agrade o que, al menos, no me rompa las tarlipes. 

El disgusto con este "modelo" no pasa por una cuestión de recelo, ni rechazo sanguíneo ni ideológico. Es una relación intrínseca entre lo que dicen, lo que hacen y el resultado final. Si nos guiáramos sólo por el discurso ¿Quién podría oponerse a una asignación que proteja el desarrollo de las primeras edades de los argentinos? ¿Acaso alguien está en contra de las mejoras salariales? ¿No se supone que la protección a la niñez, los embarazos y la ancianidad tendrían que garantizarse? Pues bien, desde el punto de vista discursivo, estoy absolutamente de acuerdo. Lamentablemente, voy a los hechos y la ilusión se me desvanece entre netbooks entregadas para un sistema de educación paupérrimo, indexaciones salariales que apenas alcanzan para cubrir la inflación del año anterior y una asignación que no es universal y que supone que por el valor de ocho kilos de milanesas voy a garantizar la reinserción a la sociedad productiva de un sector que lleva ajeno a ella desde hace dos o tres generaciones, en el mejor de los casos. 

Esta sencilla tarea de comparar la realidad con la pretensión discursiva, lleva a que no se pueda tomar en serio ni una de las palabras dichas por nadie del gobierno. Si para presentar el caso Papel Prensa tuvieron que recurrir al testimonio de un funcionario del mismo período democrático que denuestan, estamos al horno. Si para justificar su ataque a un empresario que los traicionó atacan a un monopolio que ellos mismos ayudaron a crecer por decreto, vamos mal. Si por cada acto pseudo heróico que dicen haber llevado a cabo en los años pesados de la historia argentina, aparece alguna documentación, foto, artículo periodístico o testigo presencial que desmitifica, no veo por qué tendría que creerles algo. 

Esto va más allá de la creencia o no en el pasado. Es una olla que no destapó nadie más que ellos y que después se resisten a explicar. Es Nilda Garré y no ninguno de nosotros quien trabajó en el Ministerio del Interior de Onganía. Es Aníbal Fernández quien hizo campaña para Menem y no nosotros. Son Néstor y Cristina quienes acompañaron todas y cada una de las listas de Carlos Saúl I de Aniyaco, no nosotros. Son Diana Conti, Nilda Garré, Eugenio Zaffaroni y María José Lubertino quienes integraron el gobierno de la Alianza, no nosotros. Es don Eugenio quien juró velar por el cumplimiento de los estatutos del Proceso de Reorganización Nacional, no yo. Es Aimée Boudou quien pidió por el fin de los juicios a las juntas militares en los ´80, no vos, ni yo. En definitiva, son ellos quienes elaboraron el listado de los momentos más nefastos de nuestra historia reciente, con la autoridad de haber participado -quien más, quien menos- en todos y cada uno de ellos. Y son ellos los que montaron una obra de teatro de baja producción artística en la que juegan a vivir en un período en el que, si habían nacido, andaban gateando con chiripá y bombacha de goma. Son ellos los que tomaron a los mismos enemigos de antaño para justificarse, bajo la lógica de suponer que si camina como patriota, habla como patriota y se hace el patriota, es un patriota, aunque por detrás esté negociando el saqueo de los recursos naturales con multinacionales extranjeras.

En mi vida democrática, nunca voté a ganador. Triste estadística que puede darme la serenidad de afirmar siempre "yo no los voté", aunque no tranquilice. Al ver el cambio de camiseta y la claudicación de ideales de muchos de mis amigos -entre los que figuran quienes juraban que nunca votarían a un peronista y hoy hacen militancia en Facebook- no siento que me haya colocado solito en este lugar, como así tampoco pienso que me hayan obligado a pensar que son unos payasos. Son las circunstancias y la relación entre el verbo y la acción las que han trazado una línea de división entre quienes han bajado sus banderas para sentirse parte de un proyecto comandado por gente que carece de toda convicción, y quienes piensan como yo, paparulo que todavía tiene fe en sus ideales. Por ideología, tendría que estar con ellos. Por doctrina, estoy bastante alejado. Por ideales, me encuentro en la vereda de enfrente. Es como con una mina: podrá tener todo lo que buscamos, pero si no hay piel, no pasa naranja. Es algo personal, nada más.



Breves:

Das Neves abrió la boca por primera vez desde las Primarias, para afirmar que Duhalde se equivoca en su estrategia electoral. Entre otras cosas, sostiene que no reconocer la victoria del FPV y el tercer lugar, sólo es comparable con las ganas del Diego de seguir con su proyecto después de comerse cuatro pepas contra Alemania en un Mundial.

Los troscos del Subte fueron al paro reclamando por una postura de botonera que no les genere tendinitis. La Presi se enojó y puso como ejemplo a su padre, que nunca padeció esa patología traumatológica a pesar de ser colectivero. Los contadores de Cris sostienen que ellos se la pasan de malabar en malabar con declaraciones juradas, escrituras y conteo de billetes y tampoco se quejan. Desde este humilde espacio, sostenemos que los trabajadores de los ferrocarriles subterraneos se fueron un poquito al carajo en su reclamo y proponemos el ejemplo de Daniel Scioli, que nunca acusó una tendinitis, a pesar de rascarse el hoyo desde hace décadas. 

En un claro ejemplo de convivencia política, representantes del PRO estuvieron presentes en el acto mediante el cual la Presidente de la Nación dio por inaugurada las oficinas de una empresa de servicios informáticos. Para sellar la nueva actitud de las fuerzas políticas, llevaron a cabo una representación alegórica de la realidad contemporánea: ella jugó en un pelotero, mientras los otros la miraban de afuera.

Cristina estaría un poquito enojada con Emilio Pérsico. Al parecer, el hobbit bonaerense fue el responsable de gestionar la recepción de la mamá de Candela por parte de la Presi. Creemos firmemente que Cristina está para otras cosas, antes que recibir a los progenitores de niñas secuestradas. No se trata de discriminar, sino de ubicar a cada persona en su lugar. No por ser gente del pujante sector de los negociados injustificables ante la ley, Cris tiene que recibirlos siempre. Ya bastante cargada tiene su agenda con personas que representan fielmente a ese gremio, aunque en la rosada gustan llamarlos Ministros.

Viernes. Llegó el calorcito. Demasiado tarde para ponerme a dieta. El año que viene, vemos.


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