Reconocimiento a Carrió



Reconocimiento a Carrió

Por Jorge Fontevecchia
Reconocimiento a Carrió

Dentro de una semana, Elisa Carrió recibirá de la sociedad la confirmación del rechazo más vertiginoso que haya padecido un político contemporáneo. Después de haber sido la candidata presidencial de la oposición con mayor cantidad de votos en 2007, puede terminar siendo la menos votada en estas elecciones donde se especula con la posibilidad de que Altamira, del PO, la supere.
Nueve de cada diez personas que la votaron no volverán a hacerlo: hace cuatro años obtuvo el 23% de los votos para presidente y ahora sólo podría conseguir alrededor del 3%. Ese derrumbe electoral se produce a pesar de que dos de las principales medidas que le dieron apoyo popular y legitimidad al kirchnerismo fueron propuestas por legisladores de Carrió: la nulidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, que facilitaron los juicios a los ex represores, y la Asignación Universal por Hijo, además de varias otras como el juicio político a los integrantes menemistas de la anterior Corte Suprema o la reciente de limitar la compra de tierra a extranjeros.
Tras las internas abiertas de agosto, donde Carrió ya había obtenido sólo el 3% de los votos, las principales figuras de la Coalición Cívica atribuyeron el castigo en las urnas a que la sociedad identificó a Carrió con quien más hizo para que la oposición se atomizase. Se peleó primero con Cobos y luego con todo el radicalismo, también con Binner y con Stolbizer. Inmediatamente después de que el Acuerdo Cívico y Social (Coalición Cívica, UCR, socialistas y GEN) había derrotado al kirchnerismo en la últimas elecciones legislativas de 2009, Carrió criticó a Stolbizer por aceptar integrar la comitiva de los triunfadores de la oposición que se reu-nieron con la Presidenta tras las elecciones. Y en marzo de 2010, propuso no concurrir a la apertura de las sesiones ordinarias del Congreso que había surgido del triunfo de la propia oposición porque “no hay que inaugurar lo que luego se va a impedir”, acertando en que el kirchnerismo trataría de que el Congreso sesionara lo menos posible pero errando en las formas de resistencia. Quizá su vida política haya estado signada por eso, un continuo acertar en los fondos y errar en las formas. Lo que también la hizo tan interesante mediáticamente, porque siempre fue un personaje paradójico y curioso.
Tras la derrota en las primarias, Carrió dijo: “La razón de la derrota soy yo” y asumió como causa del fracaso electoral su falta de predisposición aliancista: “Esta intransigencia de no estar pactando no es lo que quiere la gente en este momento”. Pero eso sería sólo parte del problema. Carrió irrumpe con fuerza en la escena política con un posicionamiento de centroizquierda pero mientras la clase media, a partir de la crisis de 2002, se fue inclinando más hacia la izquierda, lo que el kirchnerismo vio muy bien, Carrió envió señales de corrimiento en sentido contrario con la incorporación a su fuerza de candidatos provenientes de sectores no especialmente progresistas del radicalismo, el peronismo y el liberalismo.
Nuevamente la paradoja: un gran mérito de Carrió fue aportar legisladores de calidad al Congreso y personas sobresalientes de otros ámbitos a la política activa, pero eso no le aportó  votos. Y muchos de quienes accedieron a cargos electivos de la mano de Carrió terminaron apartándose de su partido o se encaminan a hacerlo.
La política siempre fue ingrata y Carrió es responsable de su suerte, pero el encumbrar a un político hasta la máxima altura y luego bajarlo al opuesto no habla sólo de las responsabilidades del político sino también de la labilidad de los votantes.
Cuando Carrió estaba en la cúspide, desde esta contratapa se le anticiparon las críticas que luego, progresivamente, le fueron haciendo sus propios dirigentes y la mayoría de sus votantes. Hoy es justo agradecerle su aporte a la legislación y al debate nacional.

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