Ser inteligentes en la victoria

En realidad ya tuvieron mayoría en ambas cámaras del Congreso... y la única lucha que entablaron en la realidad fue contra un ex-socio Clarín.... lo que sin duda es verdad... Es que no tienen mas excusas....


Ser inteligentes en la victoria






Ser inteligentes en la victoria implica tener conciencia que el bonus del voto es cada vez más pequeño, puede llegar en algunos casos a no durar nada… Es reconocer que mucha gente terminó votando al FPV porque, la verdad, lo que tenía en la vereda de enfrente ¡Mamita querida! No tengo duda, incluso, de que muchos votos fueron depositados “con fuertes críticas al gobierno”.

Ser inteligentes en la victoria es saber que buena parte del porcentaje obtenido está ligado a la buena situación económica de un sector nada despreciable de la población y saber que de una u otra manera las variables de la economía se irán poniendo más duras. Es inevitable. En un mundo con serios desajustes, no podemos creer que nos la vamos a llevar de arriba, pero ojo que también ser inteligentes implica tener muy claro que la economía es algo dinámico, que por ahí podés bajar y al rato subir. No se trata sólo de un “service” al modelo, entre otras cosas porque esto no es un motor, es algo muy dinámico compuesto por variables materiales y otras que existen sólo en el campo de la abstracción.

Ser inteligentes significa saber que más temprano que tarde los artículos de la ley de medios que están demorados en la justicia quedarán en libertad y que ahí ya no tendremos excusas para explicar cierta carencia de objetivos por ejemplo en materia de contenidos.

Ser inteligentes en la victoria significa entender que la sociedad nos dio una oportunidad histórica para avanzar en la transformación del país. Por primera vez un proyecto político accede a su tercer mandato consecutivo, y lo hace con un nivel de legitimidad asombroso. Se acaban las excusas, por un buen rato todo lo que pase dependerá de nosotros. Por un buen rato tendremos a nuestro alcance la mayoría de las herramientas. Es el tiempo donde menos hay que recurrir a la fuerza de la mano levantada. Los tiempos donde un sector político es ampliamente mayoritario son las etapas donde más cerca se está del consenso, pero eso se logra únicamente si el que detenta la mayoría tiene la suficiente capacidad de hacerle entender a la minoría por dónde pasa la cosa.

Ser inteligentes en la victoria es recordar que en marzo de 2008 parecía que Cristina llevaba años en la presidencia, cuando hacía tres meses que había llegado a Casa Rosada. La misma sociedad que votó el domingo no dudará en salir a putear en la primera de cambio. Así son los tiempos que nos tocan vivir.

Ser inteligentes en la Victoria implica reconocer cada mañana que un proyecto político de mayorías deberá contener inevitablemente contradicciones de diverso grado en su interior y que cada componente es importante para garantizar la hegemonía. La dinámica interna del kirchnerismo es de tal puja y confrontación  que lo posiciona con una gran ventaja para afuera. Cuando uno mira la virulencia con que se dan las luchas internas por momentos le cuesta entender cómo todo esto puede seguir unido. Bien, ahí quizá esté la principal dosis ya no de inteligencia sino de sabiduría. En la comprensión de que la etapa da para esto y que quizá nunca dé para más. Quizá hay niveles de blancura que sólo existen en los libros, no en la realidad concreta. Los kirchneristas somos todos compañeros pero a cada cruce, a cada pelota vamos con el cuerpo armado y los codos preparados para cualquier cosa. Somos todos compañeros pero sabemos que si te descuidás, te duermen en pos del proyecto o de la profundización del modelo. Eso nos da un plus para afuera. Tanta dinámica interna, tanto entrenamiento entre nosotros nos coloca en una posición holgada ante el adversario externo.

Ser inteligentes en la victoria es no perder de vista que ahora sí empieza la etapa más complicada de todas, el tiempo donde comienzan a escasear los manuales. La época donde estamos obligados a escribir en la historia cómo se hace para gestionar un tercer mandato consecutivo con amplio consenso, sabiendo que si algo sale mal,  los responsables ya no serán los medios o el Grupo A.

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