Datos... Vs Relato

Pueden leer aca http://blogs.elpais.com/pamplinas/  el ida y vuelta entre Caparros y Verbitsky a raiz de un articulo que el primero publico en una revista italiana, lo transcripto a continuación es el cierre de Caparros a la respuesta del oficial de inteligencia en ejercicio Verbitsky..  lo intersante es que los datos de Caparros.... van contra el relato..... igual che... algunas cosas las hacen bien.... no?


Lamento que Horacio Verbitksy, ex periodista que yo respeté mucho, vuelva a caer en la trampa más habitual de los portavoces kirchneristas: no discutir lo que se dice sino injuriar a quién lo dice.
Hay que reconocer que lo hace con entusiasmo: en unas pocas líneas, Verbitsky consigue llamarme falsificador, elitista, aristocrático, “personaje emblemático de la izquierda de salón”, gauchiste divino, pensador banal –y decir incluso que escribo con “la indignación de un dueño de casa que ve un intruso en su bello jardín”. De sus épocas de periodista quizá recuerde que cuando uno afirma algo debería poder sostenerlo: me intriga saber en qué informes psicológicos se basa para sostener que mis opiniones se deben a tal rasgo de carácter, a cual emoción, o incluso a “una proyección de lo que hace él” (sic). Y, sobre todo, cómo justificará adjudicarme entre comillas cosas que nunca he dicho, como que estoy “harto de los años setenta” –cuando he escrito tanto sobre el tema. Sobre todo en tiempos en que otros, como él, preferían silenciar sus historias.
Es cierto, en cambio, que cuestioné muchas veces el uso que este gobierno, con su asesoría, hace de los setentas. Por eso sostengo que la indiferencia de Kirchner hacia el tema no fue, durante muchos años, “presunta” sino real. Los lectores italianos no tienen por qué saber –y de eso se aprovecha el ex periodista– que el doctor Kirchner gobernó su provincia austral por ocho años durante el mandato de Carlos Menem –que amnistió a los militares asesinos sin que Kirchner haya manifestado ninguna oposición. Y que, durante esos años, cada vez que las Madres de Plaza de Mayo visitaron su capital, el gobernador Kirchner se negó a recibirlas, y que nunca organizó actos como los que sí había en tantos otros lugares para recordar el 24 de marzo, fecha emblemática del repudio al golpe de 1976. Verbitsky lo dice –¿sin querer?– cuando dice que, en 2003, Kirchner “hizo suyos los reclamos de memoria, verdad y justicia de las organizaciones que defienden los derechos humanos”. Fue bueno que, ya presidente, empujado por el cambio de humor general, se ocupara de esas cuestiones; es difícil adjudicarle a ese cambio carácter retroactivo.
Y sigo sosteniendo que los doctores Kirchner y Fernández se han ocupado mucho más de los derechos humanos de 1976 que de los de 2011, incluyendo la instrucción, la salud y la alimentación –no el hambre, como dice Verbitsky: en mi manual el hambre no está considerado un derecho humano. En la Argentina actual, país que produce alimentos para 300 millones de personas, sigue habiendo desnutrición y, cada verano, chicos que mueren literalmente de hambre.
Del estado de la educación y la salud públicas mejor no hablar: los define claramente el hecho de que ni siquiera los directivos de esas áreas se resignan a usarlas.
Para negar la violencia del Estado en estos años, Verbitsky recuerda las medidas que tomaron sus presidentes contra jefes de policía que no cumplieron sus órdenes. Olvida cuidadosamente que, en los últimos 18 meses, la represión polical a las protestas sociales produjo tres muertos en Bariloche, dos en Formosa, tres en el Indoamericano y cuatro en Jujuy: hace mucho tiempo que no pasa nada así en la Argentina. Y que los tres gobiernos provinciales que asesinaron manifestantes eran y son gobiernos kirchneristas, y que la presidenta Fernández no hizo nada al respecto.
Mi pensamiento -acepto- debe ser banal; mis datos tratan de ser ciertos. En la Argentina actual las cifras son aproximativas, y Verbitsky lo reconoce cuando dice que usa estadísticas provinciales –porque las nacionales, controladas por su gobierno, son inventos descarados, que nadie, ni aún él, se toma en serio. Lo cual ya debería servir como prueba: si un gobierno miente en su descripción cuantitiva del país, ¿qué se puede esperar del resto? Verbitsky, aunque no parece creer en las cifras del Indec, no define su fuente cuando dice que en 2011 “por primera vez en la historia argentina, los productos industriales encabezan las exportaciones”, con el 35% contra el 34% de los productos agropecuarios. Al decirlo, Verbitsky no dice tantas cosas: por ejemplo que la suma de ese 35% de las “manufacturas de origen agropecuario” –aceites, pellets de soja y otros– y el 22% de “productos primarios” hace que la venta de materia prima sin transformar o muy levemente transformada constituya más de la mitad de nuestras exportaciones –y la mitad de esa mitad son productos sojeros, igual que en 2003. O que, por trucos de nomenclatura, un 10% de esos “productos industriales” consiste en el oro que las mineras extranjeras se llevan sin procesar ni dejar ninguna plusvalía. Tampoco dice que un tercio de las “manufacturas de origen industrial” que se exportan proviene de la industria automotriz, que se dedica a ensamblar autopartes importadas; tanto que el sector tiene un déficit de más de 5.000 millones de dólares, o sea: que esa industria cuesta muy cara en la balanza comercial.
 “Caparrós concluye que los Kirchner dejaron a la Argentina más pobre que el neoliberalismo de Carlos Menem”, dice Verbitksy. Otra mentira: como cualquiera puede leer aquí arriba, nunca escribí eso. Escribí, sí, algo parecido pero diferente: que tras estos años de crecimiento y supuesta redistribución de la riqueza hay más argentinos pobres que “en el peor momento del peor neoliberalismo menemista”. Para confundir las cuentas, Verbitksy compara las cifras actuales con las de 2003, cuando Menem ya llevaba cuatro años en el llano. En cambio, si se comparan, como escribí, 2010 y 1999, mi afirmación se confirma: hay, ahora, entre 9 y 10 millones de pobres; había, en 1999, entre 7 y 8 millones. Es lamentable y muestra una distancia soprendente entre discurso y hechos –pero no por eso es menos cierto.
Son datos, no improperios. En el terreno de las palabras me sorprende, sí, que Horacio Verbitsky caracterice su “proceso político más innovador” como una “incesante marcha atrás”. Él –a diferencia de mí– sabe, sin duda, lo que dice.

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