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El martes, la provincia de Chaco decidió postergar por dos semanas la licitación del Fideicomiso Financiero de Producción Ganadera, prevista para anteayer. Era una emisión de deuda por 25 millones de pesos a 14 meses que buscaba transformar terneras de entre 220 y 250 kg en vaquillonas preñadas para vender y que entusiasmaba al gobernador Jorge Capitanich. "Tiene un sistema de control muy adecuado, porque protege el interés del inversor", había alentado hace dos lunes a operadores en la Bolsa local.
Todo se vino abajo. Y esta vez no habrá Magnetto al que culpar. La desconfianza provocada en los últimos días por la pesificación del pago de un vencimiento de 263.000 dólares de títulos emitidos por Chaco en esa moneda llevó a los organizadores a posponer la licitación hasta el 23 de este mes. Deberán hacerla más atractiva.
Fue el primer golpe a la economía real de lo que el mundo bursátil llama ahora "efecto Chaco". Se desplomaron los títulos soberanos y los provinciales, y empezaron las elucubraciones empresariales. ¿Había sido una estrategia? El círculo de los malpensados cerró al escuchar a Gabriel Mariotto: el vicegobernador bonaerense dijo que, si a Daniel Scioli se le ocurría hacer lo mismo, él lo respaldaría. Suficiente para complicar los próximos vencimientos en dólares de la provincia de Buenos Aires y, peor aún, futuras emisiones: ¿qué tasa deberá pagar ahora Scioli para no volver a depender, el año próximo, de la generosidad del gobierno nacional?
Son cifras que vuelven inocentes los 263.000 dólares que Chaco pagó en pesos y que podría haber cubierto con 480 toneladas de soja. Suele pasar en los mercados: un monto insignificante puede ser tomado como un mensaje relevante y, así, sobredimensionar los efectos. Luego de perder el juicio contra Apple, tras ser acusada de copiar equipos y violar patentes, Samsung tuvo que pagarle a la firma norteamericana casi 1052 millones de dólares por daños y perjuicios. El valor de la compañía coreana, sin embargo, se redujo doce veces más: 12.000 millones.
No es antojadizo entonces que, mientras funcionarios prefieran atribuirlo todo a la torpeza o la ingenuidad de Mariotto o Capitanich, el establishment esté hablando directamente de mala praxis. Tampoco habrá sido la primera vez. Entre abril y septiembre, la resolución 142 de la Secretaría de Comercio Exterior sobre los plazos de liquidación de divisas, un dolor de cabeza para los exportadores, fue rectificada 10 veces. Las retenciones y los precios del biodiésel anunciados en agosto tuvieron que ser corregidos en dos oportunidades. Y la reciente crisis de los gendarmes, atribuida por Juan Manuel Abal Medina, Hernán Lorenzino y Juan Cabandié a los 90 y al grupo Clarín, acabó en la renuncia de Raúl Garré, jefe de Asesores del Ministerio de Seguridad y supuesto redactor de la norma.
Es el estilo con que Randazzo, dirigente ambicioso, pretende diferenciarse. Pocos días después de recibir el área de transporte, convocó a las empresas ferroviarias y les reveló un anhelo: de esa gestión, dijo, dependerá su futuro político.
Vaya si tiene elementos para corregir. No sólo del gobierno nacional. El último aumento en el boleto del subterráneo es un buen ejemplo: al no haberse aplicado a los colectivos, el servicio perdió desde enero un 20% de pasajeros y no pudo, como pretendía Macri, reemplazar los 30 millones de pesos mensuales que le tocaba subsidiar a la Ciudad. Sólo recauda por mes la mitad y le debe $ 150 millones al concesionario, Metrovías, que tiene 10 trenes menos que hace un año. Conclusión: con menos pasajeros, se viaja igual de incómodo.