Tener proyecto que uno va a imponer a cualquier costo no es una buena idea


Marcelo Leiras. “Hoy los defensores del Gobierno no ven en sus políticas un propósito emancipador”



Politólogo e investigador del Conicet, anticipa una “sucesión difícil” en el PJ y advierte que las nuevas batallas culturales del cristinismo generan menos adhesión en la militancia K



Justificar que sos peronista peleándote con el jefe de la CGT es, ciertamente, difícil La sucesión del PJ va a ser complicada porque el PJ no tiene reglas de sucesión




En pleno verano, la Universidad de San Andrés, ubicada en al zona norte del Gran Buenos Aires, parece desierta. La mayoría de las oficinas de los profesores e investigadores, cuyos ventanales dan al parque que rodea el edificio, están vacías. Pero el politólogo Marcelo Leiras, que dirige las carreras de Ciencia Política y de Relaciones Internacionales, no parece registrar el verde que lo rodea. Cuando hacemos esta entrevista para Enfoques, está en su despacho, como si fuera la temporada de clases, escribiendo un capítulo para un libro-homenaje a Guillermo O’Donnell, a quien considera uno de sus maestros.
Doctor en Ciencia Política por la Universidad de notre Dame, investigador del Conicet y consultor de diversos organismos internacionales (se especializa en partidos políticos y federalismo), Leiras es un intelectual que podríamos definir como no alineado, parado a mitad de camino entre el kirchnerismo y el antikirchnerismo. Y como esa postura es minoritaria (y una rareza), en la polaridad en algunos momentos parece un intelectual kirchnerista y, en otros, uno antikirchnerista.
Parado en ese lugar, arriesga un resultado magro para el kirchnerismo en las elecciones legislativas de este año –con guarismos similares a los de 2009, aunque “mucho más difíciles de leer” que en aquella oportunidad, en la que Daniel Scioli fue asociado con néstor Kirchner (y el FPV perdió con un 30 por ciento)– y afirma que “en ningún caso será una contienda cómoda” para el Gobierno.
“El termómetro electoral –cree Leiras– será de nuevo la provincia de Buenos Aires, y todo dependerá de qué tan asociado o divorciado vaya el FPV de Daniel Scioli”, a quien comparó con nicolino Locche por esa cualidad boxística de agotar a sus rivales sin pegarles. “La sucesión en el PJ será complicada este año –asegura también– porque el partido carece de reglas para ese trámite.”
Durante la entrevista argumentará, además, que registra “más fatiga” por parte de los partidarios del kirchnerismo, que no tienen hoy un nivel de acuerdo tan amplio con las medidas del Gobierno como las llevadas a cabo años atrás. Y también dirá que “cualquier programa anti -inflacionario eficaz hubiera necesitado más tiempo para ser aplicado”, y que ahora, a dos años de la elección presidencial, “probablemente sea tarde”.
Es que Leiras no cree que el problema de la Presidenta, en relación con la macroeconomía, sea la carencia de una visión de mediano plazo, como le endilgan habitualmente desde la oposición, sino el contrario: “No está dispuesta a negociar su visión de mediano plazo para resolver problemas de corto plazo. Tener proyecto que uno va a imponer a cualquier costo no es una buena idea”.
Pero a la vez será contemporizador con cuestiones polémicas como el acuerdo con Irán, al que le reconoce costos internos altos, aunque ubicará entre sus motivaciones la necesidad de “evitar un aislamiento del gobierno de Ahmadinejad” por parte de Occidente.
En cuanto al enfrentamiento del Gobierno con los medios, Leiras asegura que es un “buen negocio” para ambas partes, y aventura que la pelea seguirá porque, de ambos lados, hay interés en sostenerla. – ¿Qué impacto puede tener la inflación en el resultado electoral de este año? –El Gobierno ya ha pagado todos los costos posibles por negar la inflación, así que cualquier sinceramiento sería una ventaja, tanto para los votantes del kirchnerismo como para quienes no lo son. Ahora, lo que no veo es tiempo para armar una coalición capaz de sostener un programa antiinflacionario con chances de tener éxito. Probablemente sea tarde para armar un programa así, a dos años de una elección presidencial, frente a la cual la Presidenta, en principio, no está en condiciones de presentarse. – ¿Se anima a proyectar un resultado para las elecciones de este año? –El resultado no es promisorio para el Gobierno. Se perfila parecido al de 2009, cuando sacó un 30 por ciento. El termómetro electoral será, como siempre, la provincia de Buenos Aires, dependiendo de qué tan asociado o disociado vaya el FPV con respecto a Scioli. Si van asociados, el resultado para el Gobierno será mejor electoralmente, pero más complicado políticamente y ambiguo para leer. Si el FPV va como fuerza autónoma, será a la inversa. De manera que la situación no es cómoda en ningún caso. Luego, cada provincia va a ser una historia distinta. Y el Gobierno allí será aliado de cada gobernador, así que lo que suceda en cada distrito poco tendrá que ver con el Gobierno. La sucesión del PJ va a ser complicada porque el PJ no tiene reglas de sucesión. Y, finalmente, la Presidenta buscará su reelección, y probablemente no la logre, pero por causa de sus competidores internos, porque la oposición es inocua. – ¿Como sucedió entre Duhalde y Menem? –Exactamente, el freno a la re-re de Menem no fue De la Rúa –y eso que entonces había una oposición no peronista muy fuerte– sino Duhalde. – A propósito de guerras peronistas, ¿es buen negocio para Cristina desperonizar al peronismo, como lo está haciendo desde que asumió? –Todos los presidentes peronistas lo han hecho, empezando por el propio Perón. Y también lo ha hecho Alfonsín… – ¿Cómo es eso? –¿Desperonizar qué es? Liberarse de la tutela de la organización que te lleva al lugar de poder. Y cuando estás ahí, hacer lo posible por no deberle nada a nadie. Perón le debía su candidatura presidencial, entre otros, a Cipriano Reyes y al partido laborista, que efectivamente querían armar una estructura alrededor de Perón. ¿Y qué fue lo primero que hizo cuando llegó al poder? Disolver el partido laborista y armar el partido peronista, en 1947. Menem hizo lo imposible por neutralizar al PJ, que casi no funcionó durante su presidencia. Armaban las listas en la oficina de [Eduardo] Bauzá, tal como ahora lo hace [Juan Manuel] Abal Medina junto con [Carlos] Zannini. – Es decir que, según esta mirada, cuando se llega al poder, metafóricamente hablando hay que reunirse con los acreedores para tratar de convencerlos de que la deuda política no es tan alta... –Así es. Y lo hacen todos los presidentes del mundo que le deben su poder a un partido. Y tanto mayor es el esfuerzo cuanto más poderoso es el partido. Y decía que Alfonsín también hizo lo imposible por desmarcarse del radicalismo. No es sólo cosa de peronistas. – ¿Y Scioli podrá ser continuador del kirchnerismo o se de skirchnerizará también al llegar al po
der? –Es muy interesante esa pregunta. La tentanción sería responder que no incorporará al kirchnerismo, pero no me consta. Para responder a eso hay que evaluar qué grado de supervivencia tiene la construcción territorial del kirchnerismo y evaluar más el vínculo con sectores de la administración pública. El menemismo tuvo más supervivencia cultural que política. El kirchnerismo ha hecho un esfuerzo muy grande por la batalla cultural y hay un sector de la sociedad que le tiene mucho afecto. Si bien no será mayoritario, siempre va a ser un sector interesante para sumar en la próxima administración. Dicho de otro modo: me cuesta pensar que la próxima administración sea antikirchnerista en el mismo sentido en el que el kirchnerismo fue antimenemista. – En relación con la efectividad de la batalla cultural ¿no observa un poco de fatiga entre los defensores del Gobierno, a quienes no se los ve salir tanto y tan seguido a defender al oficialismo? –Es que no hay tanto acuerdo con las políticas llevadas a cabo el año pasado como lo hubo antes, con otras políticas. Primero, porque no está claro, para ellos, que tengan el mismo propósito emancipador. Defender el matrimonio igualitario es algo que se puede hacer con mucho entusiasmo; incluso la ley de medios. Ahora, defender la restricción de compra de moneda extranejera argumentado que se trata de un problema cultural, hay que ser muy creyente para salir a defenderlo… – Y no es lo mismo pelearse con la CGT que con el FMI. –Es interesante esto…porque pelearse con el sindicalismo, en términos de la opinión pública en general, es buen negocio en la Argentina. Ahora, no lo es tanto para el interior de la fuerza gobernante. Justificar que sos peronista peleándote con el jefe de la CGT es, ciertamente, difícil. – Volviendo a la inflación, ¿por qué no estamos escuchando, desde la oposición, un programa sustentable, comprable y creíble para salir de la inflación? ¿No sería ése un buen lugar donde pararse frente al Gobierno? –La oposición tiene dos problemas. Uno, la creencia de que la explotación oportunista de los tropiezos del Gobierno en el corto plazo es el lugar donde hay que invertir. Creen que con una observación filosa en Twitter ya se construye. Es decir, hay una renuncia a hablar de problemas sustantivos. Yo vivo de esto, investigo sobre política todo el tiempo, y no sé qué piensan los líderes de los principales partidos de la oposición sobre la inflación. Es más, no sé qué piensan sobre los problemas macroeconómicos. Y he preguntado a autoridades de partidos importantes. Me contestaron que el problema es ético, lo cual no está mal, pero no parece suficiente. – Ya que tocó el tema de Twitter, ¿qué opina de la compulsión tuitera de la Presidenta? ¿Le suma o le resta? –Hay algo de la retórica del kirchnerismo que es poderoso: la idea de contar lo que parece ser la cocina del poder. Néstor estaba en 6,7,8 y te contaba cómo [Héctor] Magnetto le había ido a pedir una cosa a su oficina, y él le dijo que no. – Lo que seguro no contaba son las veces que le había dicho que sí. –Bueno, desde luego…. Pero, desde el punto de vista del debate democrático, que una Presidenta haga como que “yo te la cuento cómo es”, es muy poderoso. Ella tiene una confianza desmedida en su espontaneidad para argumentar y por eso usa el Twitter. Pero si necesita 30 tuits para argumentar, es obvio que Twitter no es lo suyo porque es una negación del género. La Presidenta nunca fue una política de buenas salidas, de humor rápido, como exige Twitter, sino más bien de largas argumentaciones. – Desde la oposición suele cuestionarse a la política macroeconómica porque sólo apuesta al consumo y es cortoplacista. –Justamente, yo creo que el problema es el inverso: tenemos una jefa del Estado que no está dispuesta a negociar una visión de mediano plazo para resolver problemas de corto plazo. La Presidenta ha mostrado muchas veces una vocación industrialista, mercado internista y creyente en la capacidad estimuladora del crecimiento del consumo. Y esa visión está asociada con no haber pensado en un programa antiinflacionario. ¿Por qué? Porque hay una convicción firme, estratégica pero rígida, de que cualquier política anti inflacionaria que tenga un componente monetario y cambiario es recesiva. Y es cierto que en la Argentina se han aplicado políticas antiinflacionarias que significaron ajustes muy duros. Entonces, yo no comparto el diagnóstico del Gobierno, pero no es un delirio la asociación entre aplicar un programa anti inflacionario con generar un costo social alto. – Se parece al cuento de García Márquez La Muerte en Samarra, porque al querer escapar de un costo social alto se lo está convocando cada vez que la inflación devora los ingresos de los trabajadores. – Efectivamente, es una lectura sesgada y parcial. Por eso, tener un proyecto que uno va a imponer a cualquier costo, aún contra la evidencia de un 25 por ciento de inflación durante cinco años, no es una buena idea. – La Presidenta argumenta que los medios crean ese malestar social; entonces, no es que ella haga una mala gestión sino que los medios exageran o mienten, ¿qué piensa sobre esta lectura? –Que atribuye a los medios una eficacia que no tienen. Pero hay una dimensión pública y dramática del conflicto, que les sirve a los protagonistas implicados. Les sirve a los medios de prensa, porque tienen una historia interesante para contar –la épica de pelear contra una Presidenta que tiene la visión distorsionada y compromete una libertad fundamental, como es la de expresión– y le sirve también al Gobierno, porque está luchando contra poderes concentrados que quieren capturar la percepción de la ciudadanía. – Perdón, antes dijo que la oposición tenía dos problemas, ¿cuál es el segundo? – Que tiene condiciones difíciles para la construcción política territorial, sobre todo en las provincias más pequeñas. Pero además juegan muy mal. Y no reaccionan, esto es quizá lo peor. Desde el punto de vista psicológico, es muy difícil hacer las cosas mejor cuando uno pierde. Se pierde la confianza, y eso se ve en los deportistas. Por eso, a veces, lo mejor es desensillar y pensar en hacer las cosas de un modo diferente. El día en que trabajen disciplinadamente para ganarle al Gobierno dentro de dos elecciones y no en la próxima, tal vez entonces tengan alguna chance de no perder por goleada, como hasta ahora. – Por último, el acuerdo con Irán generó mucha discusión y muchas lecturas, ¿cuál es la suya? –Habría que leerlo en el contexto de la política energética que quiere llevar adelante el Gobierno y de sus estrategias de proyección internacional. Lula [Da Silva] visitó Irán varias veces. Ocurre, también, en un contexto en el que el propio vicepresidente de Estados Unidos ofrece a las autoridades iraníes negociaciones. Uno podría pensarlo en un contexto en el cual varios gobiernos occidentales ofrecen a Irán una salida a una situación muy tensa. Aunque, efectivamente, el costo interno es alto y, sobre todo, contrasta con líneas de diplomacia del FPV, una de las cuáles es el compromiso con la defensa de los derechos humanos

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