El modelo, es korrupto sistemicamente

Marta Cascales, la guardaespaldas legal de Guillermo Moreno, con lugar propio en el poder K
Adriana Balaguer PARA LA NACION
La Nación
13 enero 2013


e scribana, mujer de carácter y fiel compañera de batalla de su pareja, Guillermo Moreno, con quien convive desde hace años aunque sin libreta de matrimonio: éstas son las señas particulares de Marta Amelia Cascales, nacida bajo el signo de cáncer hace 71 años y convertida en generala en las sombras del cristinismo, dispuesta a ponerles el cuerpo o la firma a las cruzadas más polémicas del Gobierno, como la ofensiva sobre Papel Prensa y el Grupo Clarín. Sus cercanías con el poder no terminan ahí: también ha logrado establecer un vínculo personal con la Presidenta que, según se asegura, se refuerza cuando una crisis rodea la quinta de Olivos.
El primer registro suyo que tuvieron los medios fue en julio de 2008, pocos días antes del desenlace final de la pelea con el campo, cuando una cena en un clásico restaurante vasco del centro porteño terminó en un incidente policial. Moreno protagonizó un fuerte cruce de palabras con un empresario agropecuario que estaba en una mesa cercana acompañado por su esposa y un grupo de amigos. Cuando Cascales salió a buscar a uno de los custodios del funcionario se topó con Fátima White, la esposa del productor involucrado, que había salido a fumar. “¿Ustedes están con el campo?”, la increpó la notaria. “Obvio, ¿por qué, me vas a pegar?”, le soltó la señora. Lo que vino como respuesta fue un cachetazo, aunque la agredida declaró que lo sintió como “un golpe de puño”. El hecho terminó con una denuncia por “lesiones” en la Comisaría 4ª y una intervención judicial que no pasó a mayores.
Si bien ésta fue su primera aparición pública destacada, Cascales venía acompañando la gestión K prácticamente desde su inicio. En diciembre de 2004 había sido nombrada directora suplente de la flamante petrolera estatal Energía Argentina SA (Enarsa). Igual responsabilidad le tocó asumir entre junio de 2006 y julio de 2007, pero esta vez en la Empresa Argentina de Soluciones Satelitales Argentinas (AR-SAT), ambas controladas políticamente por Julio De Vido, quien como ministro de Planificación Federal fue el primer jefe formal de Moreno.
Pero, al margen de estas colaboraciones concretas, su primer servicio notarial para la causa K trascendió recién dos años atrás, mucho después de haber sido cumplido. En junio de 2003, poco después de que Néstor Kirchner asumiera la Presidencia, Cascales prestó su conformidad como escribana para el nacimiento de Meldorek SA, la empresa que a partir de 2010 manejó Sergio Schoklender para construir las viviendas sociales desarrolladas por la fundación de las Madres de Plaza de Mayo. La sociedad constituída ante ella estaba formada por dos jubiladas que también habrían participado en la creación de otras 46 empresas que cobraron subsidios a la producción agropecuaria. Esta investigación penal está en manos del juez federal Norberto Oyarbide, el mismo que tiene a su cargo la causa por malversación de fondos públicos de Meldorek.
Un dato para tener en cuenta es que el 6 de mayo de 2003 Moreno y Liliana Noemí Cascales (con el mismo apellido que Marta y, según la AFIP, la misma dirección que la escribanía que ésta dirige, en Piedras al 1000, San Telmo) crearon AFFA SA, consultora dedicada a la dirección y administración de fondos fiduciarios a aplicar en la industria, el agro y la construcción.
En el círculo kirchnerista
La confianza que había ganado Cascales en el primer círculo del poder kirchnerista fue ratificada en 2005, cuando actuó como asesora legal para constituir los fideicomisos que absorbieron los negocios oficiales con la Venezuela de Hugo Chávez. La administración de esos fondos había sido delegada a Claudio Uberti, director del Órgano de Control de Concesiones Viales (Occovi) hasta que la aparición de la valija con 800.000 dólares traídos por el empresario venezolano Antonini Wilson lo alejó del poder.
En esos tiempos, junto con Alessandra Minnicelli, la esposa de Julio De Vido, la escribana creó Fonres SA, una consultora para asesorar sobre responsabilidad social empresaria. Fue en diciembre de 2007, seis meses después de que Minnicelli dejó su cargo como síndica adjunta de la Sigen. El emprendimiento floreció rápido. En poco tiempo tenían un suplemento en el tradicional diario santacruceño La Opinión Austral, revista propia y oficina en Puerto Madero. La sociedad sigue en pie y ofrece, entre sus servicios, asesoramiento a fondos de inversión. Cascales, sin embargo, ya no aparece como miembro activo.
No es que se haya alejado, sino que empezó a trabajar desde otro lugar. Sin abandonar el rol de guardaespaldas legal de su marido (sigue de cerca la batalla judicial de Comercio Interior contra Shell), junto con su amiga Minnicelli encaró en 2011 la producción de la miniserie televisiva El pacto, que contaba la versión oficial de la relación del diario Clarín y su CEO, Héctor Magnetto, con los militares durante la dictadura, y que fue transmitida por América. Si bien el vínculo de ambas con El pacto fue desmentido por el guionista del programa, Marcelo Camaño, otros integrantes del equipo aseguraron que el trabajo de ambas fue “minucioso”. La producción, financiada por el Incaa, estuvo a cargo de Oruga Films y la cooperativa Tostaki, que según trascendió fue registrada por Cascales.
Las dos mujeres K ya habían producido el programa 40 minutos RSE, conducido por María Laura Leguizamón, los domingos por América 24, y el micro de cocina Lo nuestro a la olla, que durante el período 2008-2009 fue emitido los martes y jueves en el noticiero de Telefé conducido por Choly Berreteaga. El espacio estaba esponsoreado por un banco nacional, supermercados y grandes marcas de la industria alimentaria con las que Moreno discute precios a diario.
Marta y Guillermo continúan juntos a pesar de las tormentas que les ha tocado atravesar. A juzgar por la admiración con la que ella lo observó desplegar su histrionismo en la polémica asamblea de Papel Prensa de agosto del año pasado, es una mujer enamorada. Y difícilmente haya malinterpretado que él, en su declaración jurada de 2011, no le dedicara ni siquiera un par de líneas. No explicitó ni sus actividades laborales ni que comparten una vivienda en la calle Salta, en el barrio porteño de Constitución, cuya remodelación le consumió a ella muchísimo tiempo (tiró abajo una medianera y convirtió dos departamentos en uno) y dinero.
Ya había existido otra oportunidad en la que le tocó salvarlo. En 2009 fue protagonista de un confuso episodio en el que, gracias a sus explicaciones, Moreno se libró de justificar 400.000 pesos. Según informó el banco HSBC a la Justicia, si bien es cierto que existió una sorpresiva aparición de dinero en la cuenta bancaria del secretario de Comercio, se debió a un error de su mujer, que depositó 130.000 dólares –obtenidos al tramitar la compra de un inmueble en la ciudad de Buenos Aires para un extranjero– en una cuenta en pesos cuya titularidad compartía con su marido.
A juzgar por su trayectoria, para la mujer de Moreno el kirchnerismo es mucho más que un bien ganancial. Como Néstor y Cristina, ellos también son una pareja con convicciones y vocación de poder. ß

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