“El peronismo es el límite más contundente al proyecto hegemónico presidencial”

 “El peronismo es el límite más contundente al proyecto hegemónico presidencial”


Sergio Berensztein.
La Nación
13 enero 2013




Hay candidatos alternativos para 2015. Lo que no se ve son ideas ni equipos La pobreza podría resolverse en veinte años si se discutieran los problemas de fondo Después de 2001, es imposible que gane otra fuerza que no sea el PJ. PARA LA NACION “Las posibilidades de re-reelección de Cristina Kirchner son nulas de no mediar un pacto con la oposición, sobre todo con el radicalismo. Un pacto que hoy parece inviable”, arriesga el politólogo Sergio Berensztein, director de Poliarquía y uno de los analistas más consultados por ese segmento de la influencia que los encuestadores llaman el “circulo rojo”, un área de actores decisivos en el juego del poder, integrada por políticos de amplio espectro (de izquierda a derecha), comunicadores, sindicalistas, dueños de medios y empresarios. Con la vía hacia la re-reelección casi clausurada, bajo el esquema que traza, una de las preguntas del millón en el año electoral es qué grado de influencia podrá mantener la Presidenta hasta el final de su mandato: ¿mucha, alguna, ninguna? ¿Podrá Cristina Kirchner, después de las elecciones de 2013, influir en la designación de su eventual sucesor, por ejemplo, y preservar así la continuidad del kirchnerismo? “Haciendo una extrapolación prematura de los datos actuales de la opinión pública, la Presidenta terminaría su mandato, en la mejor hipótesis, con algo de influencia. Es decir, se convertiría en un «pato rengo», que podría influir sólo en forma marginal en la designación de su sucesor, muy lejos del escenario que tuvo Lula, cuando nominó a Dilma Rousseff. Esta extrapolación da que podría lograr entre un 35 y un 42 por ciento de los votos, y perdería así unos 12 puntos con relación a 2011.” Desde las oficinas vidriadas de Puerto Madero Este, donde tiene sus oficinas Poliarquía, Berensztein se dedica a construir e interpretar datos para consumo de sus consultantes. Pero, sobre todo, se ocupa de responder a sus preguntas ansiosas.

Las mismas que, a grandes trazos, respondió a lo largo de la entrevista con la nacion, en la que trazó escenarios probables para 2013, formuló hipótesis y arriesgó diagnósticos.|
“El peronismo sigue siendo la principal fuerza política y hoy es, además, el límite más contundente al proyecto hegemónico de la Presidenta. De hecho, el único partido que tiene cuatro candidatos presidenciables para 2015 es el PJ (se refiere a Scioli, Massa, De la Sota y Urtubey). El peronismo empezará a decir, en 2013, quiénes son sus nuevos líderes”, apunta Berensztein, que es doctor en Ciencia Política por la Universidad de North Carolina at Chapel Hill y que actualmente integra el Consejo de Administración de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), donde además es docente. Es, también, consultor del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y del Banco Mundial.

Entonces, ¿Scioli es el sucesor más probable? “Hoy sí, pero en la Argentina es muy difícil sostener un liderazgo tanto tiempo. El principal desafío para Scioli es que el tiempo pase rápido”. Una de sus definiciones más inquietantes es que la pobreza y la marginalidad podrían resolverse en veinte años, si la clase política se ocupara de definir un programa de país. “Pero aquí no debatimos las cuestiones estratégicas de fondo, por ejemplo, qué tipo de capitalismo o de democracia queremos. Por eso, en la política argentina no pasa nada relevante. Destruye más que construye, y desde hace por lo menos 80 años forma parte del problema y no de la solución”.

–¿Qué podemos esperar de este año electoral, que empieza de un modo muy diferente a 2012, cuando la Presidenta estaba en niveles muy altos de popularidad?

–El año de elecciones es relevante en todas las democracias porque es cuando las sociedades definen su balance de poder: se dirime quién gobierna, con cuántos límites y con cuánta mayoría, y quiénes serán los líderes de la oposición. Pero en la Argentina, donde la política funciona tan mal, con actores políticos deshilachados e identidades partidarias pasadas por lavandina, las elecciones tienen otro rol, y es que la poca política que se hace se activa justamente en momentos de elecciones. El año electoral se transforma en un respirador artificial que da oxígeno a lo poco que queda de sanidad partidaria en este presidencialismo imperial, donde no hay competencia electoral.

–Pero la oposición tampoco se ocupa demasiado de competir ofreciendo un programa alternativo de país.

–No hay hoy en la Argentina un programa de país. La oposición no lo tiene ni tampoco el Gobierno. Y no es que no haya candidatos alternativos para 2015: los hay. Lo que no se ve, en todo caso, son ideas, estructuras y sobre todo equipos de gobierno. Por otro lado, la Argentina es hoy una democracia no liberal, donde no hay posibilidad alguna de alternancia en el poder. Después de 2001, es imposible que gane otra fuerza que no sea el PJ o que no tenga base en él. Y una de las características de las democracias no liberales es, justamente, que tienen una oposición débil, fragmentada o cooptada. Es un modo que asume la democracia que afecta el sistema de frenos y contrapesos y la división de poderes.

–¿Por qué llama al kirchnerismo presidencialismo imperial?

–Es un concepto del historiador norteamericano Arthur Schlesinger. Alude a una concepción plebiscitaria de la democracia, donde la mayoría democrática electoral brinda una carta blanca para desarrollar un programa independientemente de los derechos de las minorías, y se resaltan los aspectos más monárquicos de la presidencia. Eso no implica que no tenga aspectos positivos o de trascendencia transformacional, pero siempre son sistemas que personifican mucho el poder.

–¿Por qué es casi imposible la re-reelección?

–Porque nuestra Constitución es antidespótica y requiere dos consensos: uno, en la sociedad política, y otro, en la sociedad civil. Y el kirchnerismo no tiene hoy ninguno de los dos. El consenso político requiere una mayoría calificada de dos tercios en ambas cámaras. En Diputados, esos dos tercios que requiere la Constitución para sancionar la ley que declare la necesidad de la reforma significan que Cristina debería ganar con el 55 por ciento de los votos. Y en el Senado, tendría que renovar todos los senadores y conseguir diez de los once que pone en juego la oposición. A menos que haya un pacto con el radicalismo, es imposible.

–Al cristinismo le estaría faltando algo así como un “pacto de El Calafate”.

–Algo así, que parece totalmente inviable. Por otro lado, hay más de dos tercios de los argentinos, entre los que se encuentran quienes la votaron a ella en 2011 y que tienen buena imagen de la Presidenta, que no quieren su relección. Es decir, hay un voto kirchnerista, republicano y antihegemónico en la Argentina. Hay todavía en la sociedad un fundamento antihegemónico muy sano.

–¿Y por qué cree que no la votarían, además del supuesto fundamento antihegemónico? ¿Cuáles fueron los errores de fondo?

–Hay déficit de gestión del Estado, que es la causa fundamental por la cual ella no va a ser reelegida. Y se da la paradoja de que estamos ante un gobierno con sueños estatistas, que termina con la pesadilla de Once, con los saqueos (que también implican un fracaso del Estado), o con las muertes sospechadas de ser parte del fenómeno narco. A punto tal que el Gobierno apuesta todo al consumo. Es muy interesante: un gobierno nacional y popular que echa mano de las cuestiones más básicas del capitalismo salvaje: las zapatillas, un celular, un plasma. Otro error es haber desconocido durante todo el año la agenda de la gente, cuyas preocupaciones centrales fueron la inseguridad y la inflación, mientras el Gobierno se ocupó de la cuestión mediática. Si uno mira seriamente qué cosas, de fondo, se han solucionado en la Argentina en los últimos diez años, hay muy pocas que se pueden rescatar: no se ha resuelto el tema de la pobreza; volvió la inflación; terminamos el año con una fuga inédita de capitales, con problemas increíbles de falta de productividad y con un avance insólito de un intervencionismo anacrónico que está generando un boom de inversiones en otros lados de América latina.

–Con respecto a los saqueos, ¿no cree en la hipótesis del Gobierno de que fueron inducidos?

–No es descabellada, pero, en todo caso, nadie que tenga un proyecto de vida, familiar o individual es materia disponible para ir a saquear un supermercado. Para que la inducción encuentre disponibilidad, tiene que haber bolsones de pobreza y marginalidad.

–El Gobierno empezó el año peleándose con Clarín y lo terminó peleando con la Justicia, aunque la Presidenta argumenta que lo que busca es “democratizarla”. ¿En qué puede terminar este nuevo embate?

–Mi sospecha es que, detrás de la palabra democratización, se esconda la intención de transformar este asedio en un intento de control de la Justicia. El Poder Ejecutivo ya vació al Legislativo y ahora está asediando al Judicial, y éste es el último eslabón en la decadencia institucional. Hay en el diagnóstico sobre el funcionamiento de la Justicia elementos que tienen asidero, como ocurrió con la ley de medios. Sin embargo, muchas soluciones que propuso el kirchnerismo empeoraron los problemas. Y cuando el remedio es peor que la enfermedad, uno se pregunta quién es el médico.

–Antes mencionaba la falta de programa de país, tanto desde el oficialismo como desde la oposición. ¿Sería viable un programa que eliminara la pobreza, convirtiera a la Argentina en un país de ingresos medios, sin inflación y sin marginalidad?

–La respuesta es sí. La pobreza y la marginalidad podrían resolverse en veinte años si la Argentina discutiera los problemas estratégicos de fondo. La Argentina todavía no discutió, por ejemplo, qué tipo de capitalismo quiere tener, y ése es un debate que merecemos tener, en términos profesionales y no a los gritos. A propósito, si hay algo que me gustaría es que los políticos ni gritaran ni lloraran en sus discursos.

–Pero, de nuevo, la oposición también está “kirchnerizada” en su estilo. De Narváez casi le compitió en histrionismo a la Presidenta cuando contó en cámara sobre su depresión.
–Bueno, por eso, sería interesante que hablaran simplemente, sin esa cosa dramática, según la cual en cada discurso parece que están por cruzar el Rubicón.

–Estábamos en que Argentina nunca discutió qué tipo de capitalismo quiere tener.

–¿Que diferenció a Canadá y Australia de la Argentina? En la década del 20, los tres países tenían niveles de ingresos y productividad parecidos. Mucha de esa diferencia la hicieron dos industrias, que la Argentina no desarrolló y que podrían ser complementarias a la agroindustria: la minería y la energía. La riqueza minera que tiene nuestro país es igual o superior a la de Chile, con la que les da de comer a 18 millones de personas. Es decir, se podría eliminar el problemas de la pobreza en los conurbanos sólo con la minería.

–Veo cómo los ambientalistas ya le están saltando al cuello.

–Se puede explotar la minería cuidando el medio ambiente, y si a eso le sumamos la riqueza energética convencional y no convencional, está respondida tu pregunta. Luego, hay otros tres temas centrales. Uno es qué tipo de democracia queremos, para construir el andamiaje institucional que dé por resultado un oficialismo fuerte, con una oposición fuerte, con un Congreso que controle y una Justicia eficiente y rápida. Los otros dos debates son la seguridad ciudadana y cómo nos insertamos en el mundo.

–Le propongo un juego de definiciones sobre los principales actores de la política. Empecemos con Scioli.
–El candidato que, paradójicamente, más puede capitalizar el voto de Cristina, y el ladero más estable que tuvieron los Kirchner. Si Cristina llega más o menos fuerte, el más beneficiado será Scioli.

–Macri.

–Abrió un canal de participación para potenciar el involucramiento de las clases acomodadas en la cosa pública. Durante 50 años, el se equivocó y apeló a las Fuerzas Armadas porque se quedó sin un partido que representara sus intereses. Macri cerró esa brecha.

–Binner.

–Un genuino continuador de Juan B. Justo, que también era médico. Me hubiera encantado que llegara con este nivel de liderazgo, con 15 años menos. Si se da el acuerdo con la UCR, en una especie de Concertación, como lo fue en Chile, sería un aporte importante.

–Hugo Moyano.
–Tiene dos cosas muy valiosas: coherencia ideológica y la representación del liderazgo del movimiento obrero organizado en la Argentina, que es previa al peronismo. Las sociedades más modernas y justas tienen sindicatos fuertes. Pero, a la vez, representa todas las cosas que le faltan al sindicalismo para volverse más democrático y transparente.

–Massa y Urtubey.
–Las dos grandes promesas del liderazgo argentino. Ambos entendieron que la gestión es el fundamento de la política moderna. Son muy parecidos.

–De la Sota.
esta–Un líder experimentado, con proyección nacional acotada, que podría conseguir apoyos en el PJ tradicional y que completa la oferta de los candidatos peronistas.

–Y, por último, la Presidenta.

–Cuando murió su marido, muchos se preguntaban si tenía las credenciales para seguir y dos años después, esa misma gente se pregunta si se va a quedar para siempre. Claramente, la Presidenta es una persona con mucho coraje, pero que tiene una concepción demasiado personalista del poder y una inexperiencia en la gestión que termina conspirando contra la mayoría de sus objetivos de gobierno. 

Entradas populares de este blog

linea de tiempo con los hechos más importantes de la historia de Argentina