El modelo tiene cada vez menos defensores

El modelo tiene cada vez menos defensores





Un gobierno entero puede ponerse de acuerdo en no alentar expectativas inflacionarias mencionando esa palabra prohibida y maldita, pero, tarde o temprano, algún distraído tropezará hablando de lo inevitable. El 15 del mes pasado, la provincia de Chubut, que conduce el kirchnerista Martín Buzzi, subió un 30% la tarifa para acceder al Área Natural Protegida de la Península Valdés. El vocabulario de los considerandos del documento, la resolución 8, firmado por el secretario de Turismo local, Carlos Zonza Nigro, es bastante más crudo que el que usa la Casa Rosada para referirse al tema precios.
Dice, por ejemplo, que la decisión "tiene fundamento en la falta de recursos para afrontar los compromisos asumidos para este año, según el cronograma de trabajo planteado por la Administración Península Valdés", y agrega que "los costos proyectados generarán un desfase económico que afectará la operatividad diaria del Área Natural Protegida, producto fundamentalmente del proceso inflacionario que atraviesa el país".
Lo dijo, nomás. Cuando se trata de entender razones económicas, siempre es menos engorroso atender directamente a los funcionarios poco adoctrinados en lo que la militancia llama batalla cultural. "Ojo con la captura de las palabras", volvería a advertir aquí el pensador Ricardo Forster.
Es cierto que, como pasa desde hace diez años con las tarifas de los servicios públicos, este tipo de medidas suelen ser para el kirchnerismo bastante menos traumáticas lejos de la Capital Federal, donde los precios pueden ser un tercio de los que paga el interior. Se podría comparar, por ejemplo, el aumento de la península Valdés con el dispuesto para el parque nacional Los Glaciares, en El Calafate, donde la tarifa subirá el 1° del mes próximo de 100 a 130 pesos (un 30%) a través de la resolución 178, después de haber aumentado ya el año pasado de 80 a 100 pesos (25%). La magnitud no sorprende: es la inflación que estimaron las consultoras sancionadas por Guillermo Moreno. Inferior, incluso, al salto que pegará dentro de dos meses la tasa aeroportuaria en la localidad que la presidenta Cristina Kirchner define como su "lugar en el mundo": de 38 a 76 pesos (100% de alza), según lo especificó una resolución del 18 del mes pasado.
Que la espiralización de precios haya pasado a ser una vez más el principal problema económico argentino puede no ser una novedad para los mayores de 25 años. Sí lo es, en cambio, la percepción generalizada entre empresarios y sindicalistas de que el Gobierno la ha incluido por fin al tope de sus desvelos. Lo entendió por lo pronto el banquero Jorge Brito durante el último 24 de diciembre, a horas de la Nochebuena, mientras escuchaba en el teléfono, tenso, las advertencias de Cristina en persona sobre la necesidad de cerrar una paritaria que no excediera el 20%. Esa negociación quedó inconclusa: las partes acordaron pagos provisionales por tres meses y volver a discutir en marzo. ¿Qué otra razón que alzas de precios que fácilmente duplican las cifras del Indec pudo haber convencido al diputado Julián Domínguez y al vicepresidente Amado Boudou de definir el aumento de sueldos del Congreso en un 21,8%, medida que en rigor corresponde a la pauta salarial de hace un año?
El rumbo económico del Gobierno viene recabando además, por primera vez con el kirchnerismo, una coincidencia sólo equiparable a la que generaba en años anteriores la gestión energética: se hace difícil encontrar un analista, del signo ideológico que fuere, dispuesto a elogiar el modelo tal como está. Era la noche del miércoles y, en el piso del canal de noticias TN, el economista Nicolás Dujovne se extrañaba al percibir ciertos puntos de contacto con su par Eduardo Curia, el profesor que se autodefine como "neodesarrollista" y que, ya en abril de 2008, advertía que "al modelo le está faltando un service". Dujovne escribió en ese momento en Twitter: "Ya sentado junto a Eduardo Curia por empezar A2Voces. ¡Cómo nos ha hermanado a todos la mala praxis!"
Tal vez al juicio negativo contribuya cierta sensación de sendero sinuoso que se advierte justamente entre quienes deben tomar las decisiones. El 25 del mes pasado, diez días antes de que Guillermo Moreno sorprendiera con su plan para congelar los precios de todos los productos de los supermercados, la Presidenta les recomendaba a los consumidores hacerles "el vacío" a los comerciantes que aumentaran porque, dijo, lo compulsivo nunca había sido eficaz. "Porque, ¿sabés qué? -se explayó en un discurso pródigo en aplausos-, si no te defendés vos, no te defiende nadie. Ya está demostrado, con el paso de la historia, que obligar y acordar no sirve."
Pero se obligó o se acordó, según qué parte lo diga. El día después del 1° de abril, cuando venzan los 60 días del plazo previsto, es ahora el tema de conversación en las corporaciones. Que la más fervorosa defensora del congelamiento, la subsecretaria María Lucila Colombo y N°2 de Moreno, haya integrado a fines de los 90 la lista de legisladores de Domingo Cavallo es además sólo una ironía estética: la tucumana, que en rigor llegó al cavallismo mediante la alianza de entonces con Gustavo Beliz, es probablemente la técnica más convencida del kirchnerismo sobre el éxito de la iniciativa. Siempre dispuesta, como su jefe, a doblar la apuesta, celebró incluso que los comercios limitaran la compra de productos para evitar un desabastecimiento.
Fue acaso el primer elogio a un racionamiento en la historia argentina. "Ningún supermercado querría que usted vaya temprano, a las ocho y media de la mañana, se compre dos cajas o catorce cajas de aceite, y entonces le vacíe la góndola hasta quién sabe qué hora ellos tienen reposición -dijo el jueves en comunicación con el programa La Mañana, que Víctor Hugo Morales conduce por radio Continental-. Entonces, a mí, que le pongan un cierto límite razonable a la compra de un producto, yo no lo veo mal. ¿Para qué vas a acumular, y entonces otro no va a poder comprar? ¿Y vos para qué querés llevarte 20 kilos de azúcar? Si te llevás dos kilos seguramente te resulta, y [del otro modo] gastás mucho. Tal vez dentro de tres días comprás de nuevo. ¿Y cuál es el problema?"
Parecía más sana la época en que Julio De Vido negaba los cortes de luz. Pero son estilos. Tanto silencio tampoco le ha ahorrado al ministro de Planificación el disgusto de tener que poblar la Capital Federal de grupos electrógenos para atenuar la crisis de suministro. Hasta la Casa Rosada, advertida por la interrupción que sufrió el último 7 de noviembre, ha tenido que reforzarlos. Que el generador que se ve desde la plaza Colón, semioculto entre dos paneles rosas, sea de la marca Aggreko, una multinacional de origen británico, es tal vez la metonimia de una soberanía energética inconclusa. Pero viene bien como backup . No sea que un gobierno entero se vea en cualquier momento obligado a proclamar, ante nuevos apagones, las enormes ventajas de conducir el país a oscuras.
http://www.lanacion.com.ar/1553231-el-modelo-tiene-cada-vez-menos-defensores

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