Deberíamos aprovechar el Papa argentino para que rece por una sequía en Estados Unidos o algún otro hecho milagroso.....

Entre liberación o dependencia elegimos dependencia


Hace poco Claudio Loser fue contundente: “Argentina va derecho a una crisis de balanza de pagos“. ¿Qué es una crisis de balanza de pagos? Básicamente, que se acaban los dólares: porque entran pocos, porque se van muchos o por una combinación de ambas cosas.
La Argentina tiene prácticamente cerrada la puerta de entrada de la “cuenta capital” hace un par de años: como el que trae dólares los tiene que cambiar a un tipo de cambio ridículo, nadie ingresa un dólar a la Argentina. Y tampoco se pueden sacar dólares por la cuenta capital (la famosa y demonizada “fuga” de capitales”) salvo para pagos de deudas con el exterior.
De modo que lo que entra es básicamente por exportaciones. Y lo que sale es, en sus rubros principales, por: (i) importaciones, (ii) pagos de intereses y amortizaciones de la deuda, (iii) balance neto de turismo.
En resumidas cuentas: los dólares de exportaciones tienen que alcanzar para pagar importaciones, intereses y amortizaciones de la deuda y el balance neto del turismo. En una economía globalizada, no necesariamente tiene que ser así: un mal año de exportaciones, por ejemplo, podría compensarse con préstamos; y las amortizaciones de deuda normalmente se refinancian.
¿Cómo pinta la evolución de la Cuenta de Almacenero de los Dólares en este año y el que viene? Como tendencia, la apreciación cambiaria –el encarecimiento del país en dólares, el Big Mac entre los más caros del mundo– va complicando la cuenta, porque resta competitividad a las exportaciones y encarece la producción local frente a las importaciones. Para ir ajustando la Cuenta de Almacenero, cuanto mayor el encarecimiento del país, más hay que ajustar las importaciones (Moreno y las declaraciones juradas) o los gastos de Turismo (Echegaray y el impuesto al gasto con tarjeta).
Pero además de la tendencia está el ciclo: las exportaciones dependen bastante de los precios externos. Y ahí está asomando un problema grave para el año que viene: el precio de la soja. Fíjense la evolución del precio de la soja en los últimos años:
Desde 2010, siempre en 500 o más, salvo durante un pequeño lapso en 2011 (y no muy relevante porque no era en época de liquidación de cosecha). Hoy la soja está apenas debajo de los US500, y las proyecciones para el año que viene son de arededor de USD 450 (hay que multiplicar los USD 12,30 el bushel del mercado de Chicago por 36,77). ¿Por qué sería un problema, si convivimos antes de 2010, por momentos, con soja en esos niveles? Es un problema porque una cosa es la soja a 450 con un país que mantiene competitividad frente al mundo y otra bien diferentes es esa soja con una apreciación cambiaria que ya pone la balanza de pagos al borde del offside.
Por supuesto, la soja no es la única exportación; pero sumando soja y aceite de soja es bastante; y el resto de las exportaciones no tiene pinta de subir. En cantidades, las manufacturas de origen agropecuario bajaron 5% la primera mitad de 2013 respecto a igual período de 2012, las de origen industrial subieron 6% y las de combustibles bajaron 12%. Sin una gran recuperación brasileña (que de momento no se percibe) es difícil que haya aportes crecientes de divisas de estas fuentes.
En definitiva: si las cosas son como dicen los mercados de futuros, sería una epopeya mantener en 2014 el nivel de exportaciones de este año. Y sin más exportaciones no puede haber más importaciones. Y sin más importaciones (el 90% de las cuales son insumos, combustibles o maquinarias, todas cosas necesarias para producir) es difícil que pueda aumentar el producto.
Deberíamos aprovechar el Papa argentino para que rece por una sequía en Estados Unidos o algún otro hecho milagroso que cambie las perspectivas para nuestras exportaciones. De otro modo, parece difícil evitar nuevas complicaciones.


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