Los argentinos se disparan en el pie...





No es que los españoles estemos en el mejor momento de nuestra historia económica, pero en los últimos días me he quedado francamente conmocionado por el hecho de que los argentinos puedan hacer las cosas tan infinitamente peor que nosotros en determinados aspectos. Me refiero, concretamente, a lo que ellos llaman elimpuestazo tecnológico, una aberración que atenta contra muchas cosas, pero especialmente contra el sentido común.
La cuestión es que los buenos chicos del Gobierno argentino decidieron aprobar el año pasado, con una amplia mayoría de votos, una ley que eleva tanto el IVA como las tasas a la importación de los productos tecnológicos, con la excepción de aquellos que proceden de Tierra del Fuego. Una medida que, supuestamente, está destinada a favorecer la producción local en dicho territorio, pero que realmente sólo supone la creación de pseudo empresas tapadera que, en casi todos los casos, se limitan a ponerle el último lazo al producto para sacarlo al mercado.

El periodista argentino Enrique Carrier estuvo hablándome largo y tendido de dicha ley. Me explicó que las ayudas a Tierra del Fuego se vienen desarrollando desde 1972, con el fin de desarrollar la industria local de electrodomésticos. La supresión de impuestos es este área no parece descabellada, y recuerda en muchos aspectos a los regímenes fiscales de territorios como las Islas Canarias. 

Sin embargo, si a estas exenciones le sumamos el elevado nivel de la imposición en el resto del país, lo que termina sucediendo es que las empresas multinacionales terminan por llevar allí centros de supuesta producción desde los que luego se traslada el producto al interior. ¿Problema? No es muy difícil de ver que los costes logísticos de llevar todos los gadgets a la zona austral y montar allí supuestas factorías para luego volver a "subirlos" son considerables. ¿Hasta qué punto son elevados los impuestos a la importación de tecnología en Argentina para que compense hacer tal cosa?

Todo lo que he leído apunta a que el impacto de la medida, que sube del 10,5% al 21% el IVA de los productos tecnológicos manufacturados fuera de Tierra del Fuego y eleva considerablemente los impuestos internos y los de importación, habría supuesto un incremento superior al 30% en los precios de unos productos que ya eran caros de por sí. 

Según Carrier, el precio de un iPhone ya subvencionado en Argentina puede estar en torno de los 400 dólares, mientras que el de un buen televisor rondaría los mil. En un país en el que el sueldo medio ronda los 600. Esto ha provocado cosas tan absurdas como ofrecer financiaciones en cincuenta cuotas sin intereses para este tipo de productos. 

¿Y quién paga al final? Por un lado, el ciudadano de pie, que paga más caros los productos. También todas las empresas tecnológicas argentinas que estén situadas fuera de Tierra del Fuego y las multinacionales, que se ven obligadas a seguir con esta farsa para demostrar que existe una inexistente producción local de tecnología en la región. 

No ha faltado quién ha querido comparar este impulso con el que dio el Gobierno brasileño a la zona franca de Manaos. Pero las diferencias son innumerables, siendo la más importante que, Manaos ya había disfrutado de un considerable éxito económico a finales del siglo XIX, gracias a la fiebre del caucho, mientras que Tierra del Fuego no tiene ni la capacidad, ni el tamaño, ni las infraestructuras, como para afrontar esta nueva expansión. Al final, todo queda en que Argentina se limita a ver caer sus posibilidades de desarrollo en el ámbito de las nuevas tecnologías, un ámbito en que podría destacar más de lo que lo hace una sociedad eminentemente creativa y con buena formación.

Porque, no lo olvidemos, un iPhone o un teléfono con Android son dispositivos simpáticos, pero para el desarrollador de aplicaciones son bienes de equipo. Considerar que la electrónica y la informática son productos "suntuarios" o de lujo, como dice la ley, es un insulto al avance de la Sociedad de la Información en aquel país como en cualquiera. Nokia estuvo enseñándonos en Finlandia productos para agricultores de zonas en desarrollo que podían consultar a través del móvil los precios de los mercados en tiempo real y evitarse costosos y molestos viajes al pueblo. Que no me digan que la tecnología es "suntuaria", cuando es uno de los mejores factores para aumentar la productividad y la competitividad de cualquier país.

En total, una de las medidas más absurdas, contraproducentes y enloquecidas que haya podido ver en mi vida.Cristina Kirchner, una vez más, hace bueno a nuestro Gobierno (¡!) y demuestra que, a fin de cuentas, podemos darnos con un canto en los dientes con el canon de marras. Especialmente ahora que va a aplicarse con una mayor proporcionalidad.



http://www.expansion.com/blogs/uriondo/2010/11/29/los-argentinos-se-disparan-en-el-pie.html


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