Por qué la Argentina no es Brasil

Luis Palma Cané, Economista

Luego de dos períodos consecutivos de gobierno, el Presidente Luiz Inacio Lula da Silva entregó el poder a su ex Jefa de Gabinete Dilma Roussef. Lula deja la presidencia con un récord de aceptación por parte de la sociedad superior al 85%, fruto -más allá de su enorme carisma- de importantes logros realizada durante su gestión: reducción de la pobreza en 30 millones de ciudadanos, aumento de la clase media en 20 millones, fuerte control del equilibrio fiscal y de los niveles de inflación, crecimiento promedio anual del PBI superior al 4% ( el doble en comparación con los 8 años anteriores), economía en el 8º puesto mundial, planes de contención social y ubicación de Brasil como potencia de peso en la política mundial , entre otros cometidos de gran importancia.
El éxito de Lula -más allá de que lógicamente ha dejado algunos problemas a resolver tales como: reciente aparición de un déficit fiscal del 3%, fuerte aumento del gasto público, excesiva apreciación del real (100% durante sus dos períodos presidenciales) y un incremento de las presiones inflacionarias (5.6% anual)- se debió, en gran parte, a la continuidad de las políticas de apertura y libertad de mercados iniciadas con el Plan Real a comienzos de 1994, bajo la dirección de Fernando Henrique Cardoso -por entonces Ministro de Economía de Itamar Franco- que siguen teniendo vigencia pasadas ya 5 administraciones desde entonces. Por su parte, Dilma afirmó que habrá continuidad y avances de las mismas (16 de sus 37 ministros actuaron en el gobierno de Lula) ¡Igual que en nuestro país!
A continuación, extraeremos algunos párrafos del discurso de asunción que permiten identificar algunas de sus principales ideas y objetivos:
- “No voy a descansar mientras haya brasileños sin alimentos y niños pobres abandonados en la calle a su propia suerte” (un 9% de la población aún se halla sumergida en la pobreza y la indigencia)
- “Durante la dictadura (estuvo 3 años presa) soporté las adversidades más extremas, al igual que la mayoría de los que osamos enfrentar el arbitrio... pero no tengo resentimiento ni rencor. Debemos mirar hacia el futuro”
- “Mi gobierno trabajará permanente para asegurar la presencia del Estado en todas las regiones más sensibles a la acción de la criminalidad en las drogas. El estado de Río de Janeiro (con su plan de ataque a los traficantes de las principales favelas) ha mostrado cuan importante es la acción coordinada de las fuerzas de seguridad ... incluyendo -cuando sea necesario- la participación activa de las fuerzas armadas”
- “Quiero convocar a todos a participar del esfuerzo de transformación de nuestro país. Una vez más, extiendo mi mano a los partidos de la oposición. No habrá de mi parte -ni de mi gobierno- discriminación, privilegios o intimidación alguna”
- “Asumo mi compromiso con una total libertad de expresión. Prefiero el ruido de la prensa libre al silencio de las dictaduras”
- “Mantendremos la estabilidad económica como un valor absoluto. No permitiremos -bajo ninguna hipótesis- que esta plaga vuelva a dañar nuestro tejido económico, castigando de sobremanera a las familias más pobres”. A posteriori, estos conceptos fueron ratificados por el nuevo presidente del Banco Central -Alexandre Tombini- quien oficialmente declaró: “Mantener el poder de compra de nuestra moneda será un objetivo permanente para este Gobierno y, especialmente, para la autoridad monetaria: un crecimiento sustentable sólo se alcanza con un nivel mínimo de inflación, lo cual garantiza la llegada de inversiones que luego generarán empleo y renta”
- “El equilibrio fiscal será una herramienta fundamental de nuestra política económica”. A este respecto, y luego de la primera reunión de Gabinete, la superministra de Planificación -Miriam Belchior- afirmó que ... se efectuarán recortes presupuestarios por un monto del orden de los 15 mil millones de dólares y, además, se fomentará la inversión privada en sectores claves de infraestructura”.
Por razones de brevedad de espacio, dejo al lector la comparación de estas definiciones políticas y económicas con las actualmente vigentes en nuestro país. Seguramente, la conclusión -parafraseando a Bill Clinton- se podría resumir con la siguiente frase: “Es la política, estúpido”.



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