Los hechos no son de derecha ni de izquierda: son hechos


MIlitantes


Jorge Lanata


Durante décadas nos preocupamos por averiguar los hechos, por contrastarlos con diversas fuentes y por publicarlo luego. Los hechos no son de derecha ni de izquierda: son hechos. En el marco de lo político, la difusión de los hecho podrá favorecer a un sector o ir en desmedro de otro, pero no por eso dejan de suceder. En el último tiempo, los dueños de la memoria han logrado que desaparezcan los hechos. Ya no importa lo que sucede sino que, primero, el aparato de propaganda se pregunta quién lo publicó. Y responde en consecuencia. Así, la existencia de los hechos se relativiza. Si Schoklender roba, el aparato discute “están yendo por las madres”; si Felisa guarda en su baño una bolsa con dinero, el aparato responde que es una denuncia vinculada con la campaña electoral. Desaparecidos los hechos, la realidad se transforma en un congreso de sordomudos. El denominado “periodismo militante” se especializa en negar lo que no se encuadra; por eso es la negación misma del periodismo y la afirmación de la propaganda. La democracia, en esto, se asimila con la dictadura (“Los desaparecidos no están, no son, no tienen identidad”, decía el dictador Videla). El periodismo desaparece, sepultado por las opiniones: Campo de batalla de bandos que publican distintas cosas en un mismo día y lectores desconcertados que no creen en nadie. El periodismo militante, ciego ante los hechos en si, solo observa lo que los hechos desencadenan: allí nace la famosa “funcionalidad”. La verdad nunca es tal, sino que lo es en función de a quién favorezca. Esa es la lógica que llevó a la dictadura a callar los asesinatos y a la izquierda a hacer silencio sobre la represión institucional: la de pensar que existen “intereses superiores” que se imponen al conocimiento público. Porque hablar de sus miserias, era darle pasto a la derecha, la izquierda silenció siempre sus enfermedades. Como los hechos no existen, se discuten los símbolos: ir a Canal 13 será visto como un acto de traición (aunque todos los candidatos del gobierno lo hacen, y allí se llevará adelante el debate de Filmus por la Capital). La errática asignación del premio Rodolfo Walsh de Periodismo otorgado por la Universidad Nacional de la Plata traslada la misma confusión al ámbito académico. premiarán ahora por su “aporte a la libertad de prensa” a quien nunca creyó en ella: Hebe de Bonafini, que prohibió al periodismo la entrada a un acto de la ESMA, permitiendo el ingreso solo a Télam y a Página/12, y dijo al día siguiente, orgullosa, que hablaba “únicamente con medios oficiales”. Pero los hechos, se sabe, nunca suceden. Y esta columna, obviamente, jamás existió.

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