Carrio habla antes de que la sociedad este lista, pero no se equivoca.

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Estamos en problemas




por Quintín


Elisa Carrió acaba de anunciar que se va de UNEN. Al menos que se aparta de su estrategia electoral y deja a sus dirigentes encaminados a ser una fuerza testimonial, mientras los caudillos provinciales del radicalismo pactan con lo que encuentran a mano, preferiblemente con el PJ. Parece haber mucha gente contenta con la salida de Carrió: en primer lugar los logreros del progresismo (Binner, Solanas, Stolbizer, Tumini) y los oportunistas como Cobos. Pero también están contentos los kirchneristas y los massistas. Los kirchneristas porque creen que los votos para UNEN serán votos para que Scioli alcance la diferencia que le permita ganar en primera vuelta, según el loco ballotage argentino que Alfonsín le concedió a Menem y que produce la paradójica situación de que el FVP pueda ganar en primera vuelta pero nunca en segunda, lo que contradice el sentido del sistema electoral a dos vueltas. Los massistas, a su vez, están contentos porque la voluntad aislacionista de los radicales a nivel nacional le resta votos a Macri, les facilita algunos acuerdos provinciales y los acerca a un hipotético ballotage con Scioli que ven como la única manera de ganar.
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Lo peor es que la idea de Carrió era muy buena: ir a las PASO con el PRO, armar una concertación de partidos por fuera del PJ y obtener un volumen de votos ganador que no imitaba a la Alianza sino al esquema chileno donde pueden convivir comunistas y democratacristianos. La opción de Carrió era republicana y moderna. Implicaba apartarse de la tradición argentina de votar personajes dudosos y extenderles un cheque en blanco para dar un paso hacia una república en la que empiecen a funcionar los partidos y las coaliciones. No es lo mismo enfrentar a Macri en las PASO y eventualmente votarlo en las generales con vistas a un esquema amplio de gobierno, que apoyarlo directamente y sostener la nube de ambiciones y peligrosas banalidades que conforman el pensamiento de sus dirigentes. La opción que en uno u otro caso se ofrece al votante no peronista es enteramente distinta. Pero es imposible que tanto los progresistas dogmáticos (y en el fondo tan nacionales, populares y estúpidos como los kirchneristas) comprendan las ventajas de un esquema político republicano como que lo comprenda el propio Macri, que nunca alcanzó a ver en la posibilidad de una concertación más que una ventaja circunstancial y un apoyo irrestricto a su confuso liderazgo. De este modo, Macri se puede quedar afuera del ballotage y este convertirse en una fiesta pejotista o Scioli puede ganar de entrada sumando (una vez más) los votos progresistas que sus seguidores están lanzados a capturar con la mentira alevosa de que su gobierno no será la continuidad del matrimonio Kirchner.
De todo esto Massa saca también una ventaja, porque arma coaliciones provinciales y debilita al PRO. Pero la idea de hacer una PASO con toda la oposición (una especie de Unión Democrática con parte del peronismo adentro) que proponen algunos dirigentes de su espacio, revela más bien que el massismo está cayendo en las encuestas y no tiene a dónde ir a buscar más votos. De todos modos, creo que la embestida de Carrió contra Massa no fue del todo feliz. Aunque las denuncias de Carrió se terminan siempre verificando, no hay evidencias de su afirmación de que “Massa es el narcotráfico”, sobre todo existiendo el kirchnerismo. La otra parte de su argumento es más consistente: si los dos candidatos que disputan la elección son Massa y Scioli, el próximo Congreso tendrá una enorme mayoría de legisladores del PJ que se alinearán detrás del Poder Ejecutivo y vendrá más de lo mismo con las consecuencias que conocemos desde Menem en adelante.
En esta situación, está claro que voy a votar a cualquiera que le pueda ganar al kirchnerismo y tenga voluntad de terminar con él. En ese sentido, no me parece que Massa y Scioli sean lo mismo, como tampoco lo es Macri. Pero ninguno es del todo confiable como opositor. La voluntad pactista y continuista del PRO, sobre todo con los negocios K, es alarmante. Del otro lado, otro rejunte justicialista entre el FR y el FPV después de las elecciones no augura nada bueno. El esquema de poder argentino (un presidente imperial, caudillos locales corruptos, dirigentes sindicales dueños de empresas y empresarios dependientes de las prebendas) promete la profundización del desastre. La idea de Carrió era un pequeño paso en el sentido contrario. Entre los candidatos con posibilidades de ganar la vocación republicana no existe. El plan de Carrió implicaba colar un poco de República entre tanto autoritarismo, prepotencia y corrupción.
Mientras tanto, el país está peor cada día. La economía se deteriora y las instituciones colapsan. La voluntad destructiva, la torpeza y la mentira kirchneristas se hacen cada vez más flagrantes y está visto que no les importa nada salvo conservar el poder. Y lo que es más grave, necesitan del hundimiento del país para que una administración a la cubana sea coherente con un país en la miseria y sin posibilidades de cambio. El kirchnerismo busca desesperadamente que nos ocurra lo peor. La oposición colabora en que así sea.

Foto: Flavia de la Fuente

http://lalectoraprovisoria.wordpress.com/2014/11/19/estamos-en-problemas/

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